REFLEXIONES SOBRE EL TERROR EN PARIS


“La Paz es un signo de bienestar, felicidad y armonía que nos une a los demás, también a la naturaleza, y al universo en su conjunto. La Paz nos hace sentirnos más humanos, le da sentido a nuestras vidas”.
Francisco A Muñoz

Las tempestades y tormentas del terror, cuando quiebran y rompen los durmientes, maderos y vigas de la Casa de la Política, como edificación histórica, cimentada por la tradición y construida para procurar protección a una comunidad, establecen dos urgentes alternativas:
Crear una contracultura que construya una Nueva Casa de la Política, o fortalecer la Casa de la Política ya Construida.
En el evento del terrorismo que sacude los territorios parisinos no estamos frente a un rechazo frontal a la Casa Política que protege a los franceses en el contexto civilizatorio capitalista, desde la Revolución Francesa, ni se avizoran alumbramientos políticos que dejen intuir, como en toda la Unión Europea, cambio o remodelación estructural en el modelo de la Casa Política Imperante.
Si las religiones aspiran a la paz espiritual y universal como Nirvana budista, como Cielo cristiano, como Edén judío y como Paraíso musulmán, es en el multiculturalismo religioso y no en las monoculturas religiosas, donde se encontrarán las soluciones que contribuyan a desplazar, mediante el diálogo-reconocimiento, la hostilidad, la agresión, el atentado y la violencia.
El rol de las religiones en la construcción de paz universal no puede ser desalojado por el dogmatismo marxista ni el absolutismo liberal, lo que no implica desconocer sus valores enajenantes, sino aceptar la trascendencia y significación de sus creencias pacificadoras básicas comunes. Hasta pronto.



