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martes 11 noviembre, 2014 a las 10:06 am

RECORDANDO AL PADRE ÁLVARO ULCUÉ CHOCUÉ

Proclama, padre Ulcué 1

Crepitaciones

Hace exactamente 30 años (¡cómo pasa tan rápido su majestad el tiempo y no nos damos cuenta!), un fatídico 9 de noviembre de 1.984, fue asesinado en Santander de Quilichao (Cauca), exactamente al frente del Albergue Infantil “Santa Inés”, el sacerdote indígena Álvaro Ulcué Chocué. Su violenta muerte sacudió el alma quilichagueña, nortecaucana y nacional, colocando sobre el tapete la injusticia social y la opresión a que han sido sometidos nuestros indígenas, desde los tiempos de la Invasión Española en 1492, comenzando por los conquistadores, pasando a los colonizadores, luego a los latifundistas y terratenientes, a los monopolios de las multinacionales y ahora a los actores armados (con el triste episodio de la muerte de los dos indígenas el pasado miércoles 5 de noviembre en Toribío). Contra toda esa oprobiosa situación social era que luchaba el padre Álvaro y por eso lo asesinaron, al igual que lo han hecho en Colombia, con todos aquellos que han querido darles a los desprotegidos y desarraigados por las élites, la burguesía y los “ricachones” un mejor nivel de vida, con más justicia social y más oportunidades.

Precisamente en esa ocasión, hace 30 años, escribí un Editorial en PROCLAMA titulado “UN MÁRTIR CAUCANO”, alusivo a esa muerte triste, y al revisarlo, me he dado cuenta que en esas tres décadas nada ha cambiado, en cuanto a la parte social caucana e indígena. Quiero compartir con ustedes, amables lectores, apartes del primer párrafo: “El asesinato a sangre fría del Presbítero Álvaro Ulcué Chocué, vehemente defensor de las comunidades indígenas y sus derechos, conmueve dramáticamente a todos los estamentos sociales caucanos, y se convierte al mismo tiempo en señal de advertencia, puesto que el tratamiento que se le ha dado a la cuestión social en el Cauca no es la correcta y antes por el contrario, cada día se hace más incierta…”. Siempre se ha dicho y estos comentarios lo corroboran, que los periodistas escritores y columnistas tenemos una especie de periscopio que nos permite otear el futuro social y esta columna escrita hace 30 años es una buena prueba de ello, pues seguimos asistiendo todavía al mismo escenario antes descrito.

De la misma manera, quiero compartir con ustedes unas estrofas de un poema que escribí como un homenaje al Padre Álvaro, en el periódico quilichagueño “La Rueda Suelta”, y que luego publiqué en mi libro de poemas “CADA DÍA UN POEMA” (en diciembre de 2014). El poema se llama: ÁLVARO ULCUÉ: ¡NO HAS MUERTO!:

A pesar que esos asesinos / quisieron hacer su fatídico trabajo, perfecto/
Nunca lo lograron/ porque aún sigues entre nosotros/
Y seguirás existiendo/ mientras vivamos y aún más allá/
Seguirás perdurando/
Porque fuiste capaz de hacer temblar/ esos feudos extraños/
Defendiendo hasta la muerte/ los derechos sagrados de tus hermanos/
Porque fuiste capaz de reclamar a los cuatro vientos/
El derecho sagrado a la tierra/ hoy en manos distintas a sus verdaderos dueños/
Tu figura se yergue ahora incólume/ desafiante/
Para más terror de aquellos que pensaron/
Que asesinarte así, sería bien fácil/ pero se equivocaron/
Así ellos hayan querido asesinarte/
Tu recuerdo y tu obra seguirán con nosotros/
¡Álvaro Ulcué: no has muerto!

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