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Jueves, 1 de octubre de 2026

Racismo y activismo mediático

soldado Micolta
Jaír Villano
Por Jaír Villano

@VillanoJair

El caso del soldado Micolta ha vuelto a poner en la agenda pública un flagelo latente en la población colombiana: el racismo.

Los artífices del escándalo son los miembros de una organización que de tiempo atrás viene haciendo un trabajo (por lo pronto, no lo califiquemos): Chao Racismo. Su mayor representante, Ray Charrupí, ha sido blanco de críticas por parte de diversos actores de la sociedad civil. El caso ha suscitado una necesaria polémica que, lamentablemente, vuelve a demostrar que a los colombianos se nos dificulta discutir en controversia democrática, en divergencia de ideas y planteamientos.

soldado Micolta

Así, pues, varias cosas. En primer lugar, el racismo del humorista, que sí es evidente, así sea por ignorancia o por acervo. El humor no debería abordarse como una fuente mediante la cual se expone la animadversión sobre una etnia, en este caso, no debería ser la plataforma a través de la cual se caricaturizan, de manera irrisoria, las características de una comunidad que evidentemente es mucho más que ademanes graciosos; es preciso anotar que no sería coherente enarbolar las banderas de la libertad de la expresión por cuanto el humor ridiculiza, estereotipa y ofende a una etnia que ha sido históricamente marginada por las élites blanco-mestizas.

Y no tiene ninguna similitud con el caso Charlie Hebdo, ya que como dice el candidato a doctor del doctorado en Humanidades corte Historias, Sociedad y Culturas Afrolatinoamericanas, Oscar Perdomo, no resulta conveniente sacar a colación el caso del semanario francés, porque el irrespeto que sus caricaturistas pudieron expresar no era sobre una etnia, sino sobre instituciones políticas: las religiones.

De tal modo que el supuesto humor del soldado Micolta sí estaba en perjuicio de las costumbres de los afrocolombianos; ahora bien, lo que parece más preocupante es que lo que el actor exponía fuera tan bien recibido por parte de una audiencia que, hay que decir, está acostumbrada a este tipo de humor, pues el programa en el que se presentaba el show suele tener este tipo de expresiones artísticas.

Por lo cual, se haría necesaria una pedagogía sobre la polémica; de esta manera los colombianos lograríamos entender en amplio horizonte la razón de este caso. No obstante, la faena emprendida por Chao Racismo en este sentido es plausible.

Ray Charrupí
Ray Charrupí

Por otro lado, y en segundo lugar, lo trivial que se ha vuelto el caso. Es increíble que muchas personas contemplen la idea de que con esto se está sobredimensionando el racismo; esa actitud simplificadora deja entrever otra clase de racismo, el de acervo, el oculto, el que no es fácil de percibir. Pero lo más sorprendente es que la acción de esta organización despierte manifestaciones poco amigables entre comunidades que deberían trabajar en convergencia.

Algunas de ellas señalan que no se sienten representados por Charrupí y su séquito, que su labor es más mediática que seria, que su atención está en los casos que acaparan la atención de los medios, pero no por la exclusión en que tienen a las bases, históricamente explotadas.

Eso es tan cierto como tan falso. Por una parte, es verdad que Charrupí se caracteriza por liderar campañas que, de alguna manera u otra, marginan problemáticas estructurales, como la pobreza y la miseria en la que perviven muchos habitantes, y para no ir tan lejos: los proyectos político-empresariales que han desplazado y pretenden seguir desplazando a comunidades de sus territorios ancestrales, los ejemplos más llanos son lo que han hecho algunas transnacionales mineras y algunos palmicultores (por si acaso: http://www.proclamadelpacifico.com/2015/08/la-palma-africana-y-sus-afectaciones.html).

Pero de otro lado, es importante que alguien se encargue de sacar a la luz el racismo mediático.

El problema, me aventuro a conjeturar, es que ‘Chao Racismo’ se erige como la organización que lucha contra las problemáticas que otras organizaciones, que no gozan del poder publicitario de esta, sí atacan. Estas otras instituciones son víctimas de amenazas y su labor es menos reconocida, pues se exoneran de la parafernalia y la jactancia social de la que Chao Racismo goza.

Conozco el caso de un consejo comunitario en Santander de Quilichao, que funge como un organismo de control socio-político y por ello muchos de sus miembros son amenazados por grupos al margen de la ley. Pero de ellos, que trabajan por las comunidades afros, nadie habla (http://www.minuto30.com/los-siguientes-lideres-los-tenemos-en-la-mira-por-jair-villano/318279/).

Es posible que debido a esto nazcan incomodidades. Sin embargo, lo nodal aquí es que tanto Chao Racismo, como las otras organizaciones, las superen, todo en función de evidenciar que en este país el racismo sigue siendo una práctica tan arraigada que hay quienes estiman que el escándalo no merece mayor atención.

No sobrará recordar que la unión hace la fuerza, y para erradicar esta problemática se necesita del empeño de todos.

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