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Sábado, 10 de octubre de 2026

Racismo que mata

Racismo que mata

Imagen por: https://chatgpt.com/

FELIPE-SOLARTE-NATES

Aunque por nuestra capacidad de pensar y hablar llamemos bestias a los animales y a los felinos depredadores fieras, lo cierto es que ninguna especie animal, por más agresiva que parezca, se enfrenta con sus semejantes en fieros combates donde la ira enceguece hasta desencadenar en la sevicia que lleva a los humanos hasta violar, tajar, linchar o abalear inmisericordemente al adversario y sus vecinos y familiares.

La mayoría de especies animales con sus machos enfrentados por lo general en temporadas de celo, luego de unos cuantos topetazos de cachos, mordiscos, manotazos o zarpazos, los más débiles se retiran y ceden el derecho de montar las hembras al más fuerte.

Desgraciadamente este panorama de agresiones psicopáticas ha sido la repetición de la repetidera en nuestro país y otras naciones, en distintas épocas y escenarios atizado por racismos aupados en ideologías políticas, religiosas y económicas, azuzado por líderes manipulando a poblaciones analfabetas del todo o funcionales, más en esta época de las redes con sus influencers propagando el virus de las noticias falsas, para estimular emociones negativas entre la mayoría de poblaciones, que, por lo general a falta de poder procesar y filtrar la avalancha de información que les llega por sus celulares, y sin poder heredar bienes materiales, espirituales y buenas condiciones de vida, por lo general, lo único que heredan son los odios viscerales que cuando les convengan serán atizados por los dirigentes políticos, religiosos, litigantes y empresarios legales e ilegales que buscan favorecer sus maquiavélicos intereses poniendo al pueblo de carne de cañón.

Ya habíamos sufrido bastante con las imágenes en pantallas de la destrucción y el genocidio en Gaza y los bombardeos al Líbano cometidos por fanáticos y racistas ortodoxos judíos alcahueteados por el gobierno de Netanyahu y acolitados por los “cristianos” gobiernos de Biden y Trump -que también se creen defensores del “Dios verdadero y la supremacía blanca”- y también hace años, por la masacre de los Tutsi a manos de los Hutus en Ruanda; cuando en la vereda Monterilla, en Silvia, a machete, palo, piedra y bala se enfrascaron en una batalla campal, comuneros indígenas de las etnias misak y nasa, luchando por cerca de 800 hectáreas de tierra.

Desconociendo que, en 1971, cuando nació el Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, fue por iniciativa de dirigentes misak y nasa unidos al calor de la lucha por la recuperación de la tierra de sus antiguos resguardos y la defensa de su lengua y cultura, y que años después partirían cobijas, llevando a los Misak a crear la AICO y después la AISO.

Resquemores sospechosamente, careados no se sabe por quién o quiénes, en vísperas de la primera vuelta presidencial, que en el departamento del Cauca y entre los indígenas han manifestado su apoyo mayoritario a la candidatura presidencial de Iván Cepeda y su fórmula vicepresidencial Aida Quilcué, senadora indígena de la etnia nasa.

Propiciaron así, el encarnizado enfrentamiento entre los descendientes de los fundadores del CRIC, dejando un saldo de 7 o más muertos y más de 100 heridos, entre graves y con heridas de consideración.

Es una muestra más de los peligros de la intolerancia y los fundamentalismos de origen étnico, político, religioso, o de cualquier índole, hasta deportivo, que manipulados por fanáticos que creen a sus pueblos superiores, sus religiones e ideologías las “verdaderas” y dueñas de la razón”, a sus partidos políticos los únicos dignos de gobernar y a sus equipos deportivos los mejores, se sienten con autoridad moral para imponer por la fuerza sus ideas, políticas y religiones y sus triunfos en las canchas.

En todo el país, numerosos dirigentes indígenas de diferentes etnias y líderes campesinos, cívicos, ambientales y de juntas de acción comunal, gracias a la tradicional ausencia de las instituciones y obras impulsadas por entidades del Estado, ya habían sufrido la persecución e intolerancia de grupos armados, que escudados en ideologías, que se creen las dueñas de verdad, pretenden destruir sus organizaciones propias, para vincularlos al narcotráfico, minería ilegal, reclutamiento forzoso y engañoso de niños y adolescentes, obligándolos a carnetizarse en sus organizaciones y cumplir sus órdenes sin derecho a réplica bajo pena de muerte.

Muy triste que se maten entre hermanos indígenas, pocas semanas después, que una bomba puesta por una escuadra de las disidencias de las FARC, matara a 21 campesinos en la vereda, el Túnel, Piendamó, a pocos kilómetros de Monterilla, donde se presentó la batalla campal.

Esperemos que la anunciada reunión de ambas partes con el gobierno nacional encabezado por del presidente Petro, ayude a deponer los odios y serenar los ánimos para facilitar acuerdos que les permitan convivir entre los indígenas y con las comunidades afros y de campesinos mestizos, que en distintas regiones del Cauca rodean sus resguardos y con los cuáles han tenido enfrentamientos y conflictos azuzados por radicales que creen que ellos son los únicos que tienen derecho a poseer las tierras en este territorio.


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