¿RACISMO ESTRUCTURAL O DE ESTADO?


¿RACISMO ESTRUCTURAL O DE ESTADO?

La muerte de Anderson Arboleda, en medio de un evidente abandono estatal para enfrentar la crisis del Covid 19 en los pueblos negros, evidencia un cáncer silencioso que carcome a una sociedad, que en lugar de utilizar el aporte de una población que viene ayudando a sacar adelante este país, nos exige el doble de esfuerzo, para pagarnos la mitad e Insiste en maltratarnos.
Sólo cuando la cantante Goyo publicó en sus redes sociales sobre la muerte de Anderson Arboleda, golpeado brutalmente con un bolillo en la cabeza al parecer por un policía, despertamos frente a lo que sería un flagrante caso de racismo, similar al que tiene revolucionado a los Estados Unidos; quizá esta noticia sea la gota que rebose la copa, para poner en evidencia un flagelo que se viene presentando sistemáticamente, teniendo como principal aliado la indiferencia y la negación.
No hay otra explicación para que lo sucedido en Puerto Tejada Cauca, que dejó como lamentable consecuencia la muerte de un joven de tan solo 19 años, se haya demorado dos semanas para salir a la luz pública, seguramente si las revueltas en Estados Unidos por el homicidio de George Floyd no hubiesen revivido el debate sobre el racismo, Anderson se hubiese convertido en una víctima más, desapercibida y sin que nadie distinto a su familia y quizá amigos, levantara la voz para exigir justicia como ocurre ahora.
Este no es el primer caso ocurrido en este municipio con un auto reconocimiento de un 97.5% afro. En octubre de 2014, Yessid Valenzuela, un joven con antecedentes de ansiedad, murió luego de ser capturado por la policía, tras ser falsamente acusado de querer abusar sexualmente de una niña, versión que fue desmentida por el mismo padre de la menor, quedando en evidencia que lo sucedido fue que tras un ataque depresivo, se presentó una confusión, que terminó alertando a la fuerza pública, que en un exceso, maltrató al joven causándole múltiples lesiones que le provocaron la muerte. Por este caso cinco policías, entre ellos un oficial, fueron procesados y enviados a la cárcel.
La distinción entre estos casos y un abuso común de autoridad, reside en el comportamiento permanente de algunos uniformados, que llegan a cumplir su servicio en esta población en algunas ocasiones “trasladados tras hechos de indisciplina”, y que por un lado poca atención prestan a sus funciones de seguridad ciudadana de lo que muchos somos testigos. Por otra parte, se dedican al galanteo de las mujeres, y finalmente en muchos casos, dejan en evidencia su cosmovisión y displicencia sobre la cultura del municipio al que llegaron.
Este es un patrón sociológico originado por una especie de racismo de Estado, promovido estructuralmente en todos los sectores económicos, políticos y sociales que nos acostumbraron a asemejar “negro” con pobreza. Escándalos como la amenaza de un dirigente político a un policía, diciéndole que lo va hacer trasladar al Chocó, o la intervención de un diputado antioqueño, asegurando que invertirle plata a ese mismo departamento es como perfumar un bollo, o la forma como ese departamento se ha apoderado de territorio chocoano, para lograr acceso a las costas que hacen parte de su riqueza natural y que de manera abusiva se fue apropiando de Belén de Bajirá, sin decir que la historia de este país ha escondido el aporte de próceres como el Admirante José Prudencio Padilla e incluso blanqueó a Juan José Nieto Gil, el único presidente negro que ha tenido Colombia, con el único fin de encasillarnos en una mujer, hermosa sí, pero con poca injerencia, vendiendo orgullosamente hay que reconocerlo también, frutas en las playas de este país.
El Covid 19 desenmascaró la ausencia del Estado, no sólo en materia de salud en las poblaciones negras del pacífico, donde no hay ni una sola cama UCI, sino en materia de educación y servicios públicos, pues la falta de conectividad y la inmensa pobreza, son un patrón recurrente que violenta flagrantemente los derechos humanos de la población negra, tanto como de la indígena; ambas hoy expuestas al exterminio por cuenta de la pandemia, que ha convertido a sus territorios que fueron infectados tras la llegada de esta enfermedad proveniente de Europa, en focos de contaminación como ocurre con las regiones amazónica y pacífica de Colombia.
Dos lamentables realidades en las que no sobraría hablar del trato que recibimos los negros en ciudades como Bogotá, donde muchos aún no respetan la diferencia y ni que decir de Popayán, donde ante la elección del primer gobernador negro en este departamento, plagaron de avisos racistas las paredes de esta ciudad “Blanca”, dejando en evidencia un odio que une dichas realidades y las transforma en una sola, que se convierte en una muralla de hierro que intenta obstaculizar el enorme esfuerzo de una población, que lucha por estrechar la enorme brecha de desigualdad, pero que entre los azotes y el abandono, nos deja a merced de pandemias, que pueden terminar siendo hasta 100 veces más fatales para nuestros territorios, lo que se evitaría, con el simple hecho de que en Colombia se respetaran los derechos humanos y supiéramos valorarnos desde la diferencia.
P.D En medio del dolor del que aún no se recupera, la familia de Anderson promueve una marcha el 12 de junio a las 8 a.m, exigiendo ¡Justicia!, pues se niega a que lo que califica como el homicidio de su ser querido, quede impune, pues este joven sin saberlo, murió convirtiéndose en el símbolo en contra del racismo en un momento coyuntural, en el que el histórico rechazo, quedó en evidencia por una pandemia, que amenaza con dejar graves estragos.
Ese mismo día promoveremos una protesta virtual en todo el mundo, en solidaridad con la iniciativa, gestada en Puerto Tejada, Cauca.
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