QUILICHAO ESTÁ HERIDO

QUILICHAO ESTÁ HERIDO

Quilichagüeños: les confieso la verdad monda y lironda, cuando leí la triste noticia del ataque cruel, premeditado y con la peor sevicia que yo haya leído en los anales criminales de esta ciudad, otrora pacífica y bucólica, y ahora en poder de vulgares y despiadados delincuentes en moto, en contra de la niña ASTRID ARREDONDO ELEJALDE, de apenas 12 añitos de edad, me dio tanta emoción y sentimiento, que no me contuve y lloré al instante, como si se tratara de una hija mía, o de una estudiante de mi sede escolar, dadas las circunstancias atroces de lo acontecido.
Astrid, muy agraciada ella, quien cursa el 6º grado de estudios de bachillerato y quien vive en la carrera 20 con calle 13 del barrio Morales Duque, en esa nefasta noche calurosa del viernes 9 de marzo del presente año, la disfrutaba tranquilamente con sus amistades en el andén de su casa, de manera inocente, como siempre lo han hecho los niños quilichagüeños en tiempos de normalidad, especialmente ahora que estamos en la época de un verano inclemente. Sin embargo, esa aparente tranquilidad quilichagueña, fue rota abruptamente por la aparición de dos delincuentes en moto, quienes sin mediar en sus consecuencias e intenciones, atacaron como chacales a la niña, y le cortaron a la fuerza parte de su hermosa cabellera, hiriéndola al mismo tiempo en su oreja por la fuerza que ella opuso a sus cobardes atacantes, quienes al no cumplir con su macabro objetivo, la hirieron con alevosía en su abdomen.
Así, mal herida, la niña fue llevada al hospital “Francisco de Paula Santander”, donde en principio no se la atendió debidamente con algo de negligencia, allí pasó esa mala noche y al siguiente día, en vista de la gravedad de sus heridas, fue remitida de urgencia a la Ciudad de Cali, donde actualmente tiene pronóstico reservado, pues desde el sábado 10 de marzo, tuvo severas complicaciones, que hicieron temer lo peor, pero a Dios gracias, se va recuperando.
El miércoles 14 de marzo del año en curso, hubo una marcha de indignación colectiva y con toda razón, desde la casa de la niña, hasta el parque principal, con participación activa de estudiantes, padres de familia y comunidad en general. Como este grave incidente de violencia quilichagueña al por mayor, ocurrió en plenos días de agite lectoral, ignoro si de pronto algún candidato se le haya “partido el corazón” para ofrecerle el apoyo irrestricto a los familiares de la niña, en especial a su señora madre Jennifer Elejalde, quien durante estos días necesita solidaridad de todos en general, para salir adelante.
El caso de la niña Astrid Arredondo, hiere en grado sumo la sensibilidad quilichagüeña, y nos pone a todos en alerta máxima, mostrando otra vez el estado de postración de la seguridad en nuestra ciudad, no estando de acuerdo para nada con los tales “consejos de seguridad”, que no sirven ni para un comino. Quilichao está herido. Sigamos reaccionando por favor.




