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Sábado, 17 de octubre de 2026

¿Quién responde por las muertes de Silvio, Jorge, Lina…?

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¿Quién responde por las muertes de Silvio, Jorge, Lina…?

Fabio Arevalo Rosero

 En Colombia tenemos cerca de 25 muertes diarias por accidentes viales. Es la quinta causa global de muerte después de los males cardiovasculares y afines, enfermedades respiratorias, homicidios (violencia) y el cáncer. En al menos un 65% de los casos, había licor de por medio. Estamos en uno de los peores años en siniestros viales (al menos en la región); grave problema de salud pública que debe abordarse con más seriedad, no solo por los gobernantes. Todos tenemos responsabilidades.

Sobre el asunto se hacen eventos rimbombantes, que al final son saludo a la bandera. Hay dos causas principales de los siniestros viales: el consumo de alcohol y la conducción abusiva. Frente al primero una “Ley antialcohol” lograría frenar el uso arbitrario y masivo de licor de forma tan permisiva. Hay fuerte inducción institucional y social a la afición al alcohol desde edades tempranas. Sobran los promotores y defensores de oficio del licor, tantos con doble moral. Ponderan los licores y ensalzan falsamente un tósigo alcohólico como “el mejor del mundo” (reconocimiento ficticio al cual se opta pagando, no por méritos universales).

Es evidente la incompetencia de tantos funcionarios en la administración de una ciudad. Manejan parámetros del siglo pasado frente al desarrollo urbano; creen que una urbe es avanzada si tiene más puentes vehiculares y más autopistas. Se obsesionan por complacer a una minoría motorizada y por incrementar la velocidad de los autos en las vías, con riesgo para la mayoría que son peatones, quienes tienen la prioridad.

En la alcaldía pasada, se cometió un monumental error al eliminar una amigable glorieta, para dar paso a una dura intersección semaforizada, priorizando la velocidad de los autos por encima de la seguridad de las personas. Se transformó en un espacio intimidante. Es la visión de funcionarios que buscan emular modelos estadounidenses fracasados de urbes tipo Houston o Los Ángeles, llenos de puentes elevados y vías rápidas, las típicas ciudades “antipersona”.

Da grima la situación de la región y la ciudad como acertadamente lo retrató el escritor y pensador Marco Valencia Calle: “La mediocridad de tantos dirigentes y funcionarios está llevando a un atraso inadmisible. Las elecciones se convirtieron, no en ejercicio democrático, sino en competencia de capitales y comerciantes electoreros. Gana el que más billete pueda blandir. Hoy esos “triunfos” se “negocian”, al igual que tantos cargos, donde la meritocracia es inexistente».

Popayán como capital colombiana, vive un gran atraso. No es la agradable ciudad de otrora. El espacio público, ya no es para el respetable público. En buena parte está entregado a la informalidad, en otros mandan negocios precarios, talleres desordenados que le roban espacio al inerme peatón con riesgo para su seguridad. Ciclovías o ciclorrutas mal diseñadas mezcladas en los andenes (zonas peatonales), induciendo un tonto conflicto entre pedaleantes y caminantes. Deberían ser segmentadas.

La contaminación por ruido es insoportable, especialmente en las noches con motos sin control, conductores pitando aleatoriamente y sitios de fiesta e ingesta de licor en espacios no autorizados. Ciudadanos en la orfandad, donde hay que estar en gracia para que contesten en emergencias (1,2,3 sordo). De la inseguridad ni hablar, de ser una de las ciudades más seguras, hoy está bajo el axioma “sálvese quien pueda”.

Aunque es una capital pequeña, puede ser la más caótica para conducir con enorme riesgo. La mayoría de motoristas incumplen las normas, son agresivos, pitan desaforadamente, compiten por un metro de calzada, se pasan por la faja las elementales normas de cultura ciudadana. En esta asignatura casi todos se rajan, empezando por funcionarios públicos permisivos y culposamente responsables que aman sus privilegios.

La movilidad es un problema medular de todas las ciudades del mundo, en Colombia la mejor experiencia la tiene Medellín con todos los sistemas posibles. Su propósito es la accesibilidad a servicios de todos los ciudadanos facilitando la satisfacción de sus derechos básicos como al trabajo, la productividad, la salud, la alimentación, la recreación, etc. El grave conflicto de la movilidad no es el número de autos circulantes, sino el número de viajes inoficiosos que colapsan y ponen en riesgo a una ciudad, especialmente con autos unipersonales como camionetas, causando la mayor injusticia en el derecho al espacio público..

Pocos cumplen las normas como actores de movilidad, la convivencia es mínima, campea el desorden favorecido por una deficiencia de liderazgo y autoridad. Alcaldes asesorados por funcionarios cuadriculados, que inducen una deficiente planificación urbana. Apostarle a una ciudad de vanguardia, amigable y segura, requiere de pensadores o investigadores de lo urbano, como se ha hecho en las urbes más avanzadas.

Como lo enseña el escritor y urbanista italiano Francesco Tonucci, las ciudades deben ser hechas para los niños. Lo que esté al alcance de un niño, le sirve a todo el mundo; axioma que en el Siglo XXI obliga a repensar nuestras urbes, considerando la felicidad de la gente. Los gobernantes deben tener como prioridad promover un modelo de “ciudad a escala humana”, ciudades anatómicas

Triste ocaso de la emblemática Popayán, con historia y méritos irrefutables. Los gobernantes cuestionables, los políticos flojos, el periodismo acomodado y pusilánime, los decadentes que se ven de mejor familia, voceros con argumentos peregrinos, son factores que contribuyen al deterioro de una comunidad donde campea el conformismo, la resignación y la manipulación, llevando a la pauperización de una sociedad.

Por lo anterior es necesario revisar en dónde están los principales responsables de los siniestros viales, de la pérdida de tantas vidas en el espacio público que pudieron evitarse. El periodista Silvio Sierra fue arrollado por una moto en la Av. Panamericana, posteriormente falleció. Al igual que esta personalidad un desconocido señor de nombre Jorge Bedoya, murió atropellado por otra motocicleta en el mismo lugar. Y recientemente la joven comunicadora Lina Palta perdió su vida atropellada por otro vehículo raudo. Considerar estos casos entre tantos, podría darnos algunas respuestas

La avenida Panamericana es una calzada urbana, que ha cobrado la vida de cientos o miles de personas. Pero casi nadie es consciente que la velocidad máxima son 40 Km/h (Ley Julián Esteban), y en algunos sectores (como colegios) 30 Km/h. Pocos lo cumplen y cualquier exceso que supere estas cifras, vuelve incontrolable un vehículo y mucho más las motocicletas. Circular a altas velocidades supone una enorme cuota de responsabilidad (casi la principal) si ocurre un accidente.

Es tan definitivo, que en el accidente de Fredy Rincón que le costó la vida, inicialmente se le endilga la culpa por pasar un semáforo en rojo. Pero el bus que lo golpeó iba con exceso de velocidad, lo cual es la causa definitiva del trauma fatal. A menos de 30 Km/h el exfutbolista no hubiese fallecido. A pesar de la infracción de Fredy, la mayor cuota de responsabilidad estuvo en el conductor por exceso de velocidad.

En los casos mencionados en Popayán, la prioridad en el espacio público (así sea calzada) la tenían los peatones o los más vulnerables. Pero la nuez del asunto está en manos de la alcaldía, que oficialmente tiene enorme responsabilidad en la gestión del tráfico para proteger la vida de todos (incluyendo los animales). Si se hace un sondeo entre conductores sobre sus límites en la vía, la gran mayoría los desconocen, por falta de soporte institucional, el cual es precario.

Este sector no tiene el control y acompañamiento que amerita por su peligrosidad probada. La señalización oficial es escasa, casi invisible. Hace falta mucha orientación persuasiva (la administración no muestra iniciativas), control estricto de la velocidad (que casi nadie cumple), cámaras (disuasivas al menos), personal de apoyo (reguladores de tráfico) y sobre todo un robusto programa de Cultura Ciudadana con dientes (hoy inexistente). Dadas estas falencias, hay casi “aval” para las infracciones, campo fértil para los accidentes, lo cual podría ser negligencia institucional. Cualquier inversión en este campo, es prioritaria y puede ser poca si se trata de salvar vidas.

Por allí están buena parte de los responsables de la gestión del tráfico y el espacio público, para proteger la vida. La falta de compromiso, liderazgo, autoridad y competencias puede convertirse en acto culposo. Es preocupante el nivel de resignación de buena parte de los habitantes, que se convierte en dramático conformismo, normalizando el maltrato ciudadano. A quienes están en el poder y ejercen gobierno se debe exigirles el cumplimiento cabal de sus obligaciones más allá de acciones burocráticas y del power point.

Apostilla 1: En el caso de la comunicadora, de aplicarse la misma teoría del accidente fatal de Fredy Rincón, la víctima quedaría libre de culpa.

Apostilla 2: Similar hecho se presentó hace unos meses en Pasto con la fatídica muerte del exconcejal de Bogotá y excandidato a la alcaldía de Pasto, Mauricio Guerrero. Al cruzar caminando la avenida de Los estudiantes, fue atropellado por una moto sin control. El mismo análisis de gestión del tráfico puede aplicarse en la capital del sur.



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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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