¿Qué son?


En este momento 3 p.m., 19 de abril del 2013, Nicolás Maduro, ornado con la banda presidencial, pronuncia su primera alocución en las instalaciones de la Asamblea Nacional no obstante la serie de turbadores incidentes que ensombrecieron su victoria y llevaron al Consejo Nacional Electoral a aceptar la auditoría ciudadana del 46% de las mesas de votación no auditadas el 14 de abril. Es decir, es y no es, gobierna y no gobierna, representa al pueblo venezolano o es un equilibrista que haciendo maromas sobre la cuerda floja puede coronar o romperse la crisma.
El espectáculo que ofrece Venezuela ante el mundo es menos bochornoso de lo que imaginaba. El señor Maduro puede representar a su país con la cara lavada por el resultado de unas elecciones que (malpensada que soy) en principio tildé de írritas aferrada a supuestas evidencias. Hoy la presencia en tan respetable sarao de Hollanta Humala, Juan Manuel Santos, Evo Morales, Cristina Kritchner, Pepe Mujica, mandatarios de Grenada, Brasil, Haití, República Dominicana y otros igualmente excelentísimos señores, me hace rectificar. Yo comprendo su depurada concepción de la historia: ¿Cómo cerrar la puerta a la enaltecedora compañía de Daniel Ortega, honra y prez de de la raza, testimonio mestizo de evolución espiritual? ¿Cómo no regodearse con la sapiencia de Cristina o la encantadora sutileza de Ahmadineyad? En cuanto a Raúl Castro, no debo mencionarlo en la lista de visitantes: en este momento el ladino anciano arriba a su casa.
Los caballeros presentes hoy en Caracas no deben conocer las entretelas del sainete y por eso: Ego te absolvo, como me decía el padre Arce detrás del ventanuco confesional. No obstante, el trasgo que bucea en mi ombligo, me pregunta: ¿Los Presidentes de la República son inteligencias cultivadas o computadores de última generación? ¿Las alfombras tendidas desde la puerta del avión hasta el último rincón que “haya pisado su lindo pie”, el poder que infla, el incienso que ciega, el avión en el patio de la casa, el bombo que resuena aquí y allá o el honor “de pasar a la historia” entre otras menudencias, se endosan a su capacidad mercantilista, su olfato político o su conciencia ciudadana? No sé que responderle. Yo tampoco entiendo por qué motivo presidentes llamados demócratas avalan con su presencia el resultado electoral de un país donde entre cruentas agresiones físicas y burlas soeces de la peor calaña emitidas por el grupo oficialista, el presidente de la Asamblea Nacional niega el derecho de palabra a los diputados de la bancada opositora quienes hasta que no se conozca el resultado de la auditoría aprobada anoche por el CNE confirmando la legitimidad presidencial de Maduro, se niegan a reconocerlo como Presidente de la República.



