Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Viernes:
Popayán 7 y 8
Cali 7 y 8
Viernes, 2 de octubre de 2026
martes 7 octubre, 2014 a las 1:15 pm

¿Qué pasa con los himnos?

A un toque - Julio Herney Narváez Zapata
Julio Herney Narváez Zapata
Julio Herney Narváez Zapata [email protected]

Con mucha extrañeza he observado cómo muchos caucanos, de aquellos que afirman que son de pura cepa, no cantan orgullosos el himno de este departamento. Es como si les diera pena entonar las estrofas del: “Cauca, Cauca; nos une un pasado, un propósito y una intención…” o en el peor de los casos, como si no se supieran la letra y eso sí que es grave por aquello de la identidad – región.

Yo, como algunos lo saben, nací en la tierra del “Paraíso del sol donde brillan la llanura, la sierra y el mar”. Y les cuento que allá, la letra del “¡Salve Valle del Cauca, mi tierra, verdes campos de vida y solaz…” me la ensañaron desde el primer año en que ingresé a la escuela, a mis escasos seis años de vida. Es más, allá primero se aprende a entonar el himno del departamento, que a leer y escribir, y a sumar y restar.

Acá además he notado mucho irrespeto, no solo por el himno del departamento sino hasta por el de su capital Popayán y el de nuestro hermoso país; aquella composición de Rafael Núñez con música del italiano Orestes Sindicci catalogada como una de las más hermosas del mundo y la cual me infla el pecho de patriotismo cada vez que la escucho. No sé a ustedes, pero a mí me enseñaron que los himnos son algo muy sagrado.

Es muy triste observar el pésimo ejemplo que dan a los payaneses del común, algunos de los más importantes e ilustres ciudadanos de esta capital. En el último evento deportivo de carácter internacional que se hizo aquí, observé que se dedicaron a wassapear, mirar fotos en el celular, charlar con sus vecinos y hasta comer mecato y masticar chiclet, mientras sonaron los himnos.

Cada que asisto a un evento, me percato que no son muchos los que tararean las letras de los himnos (incluyendo autoridades y altas personalidades); y aquellos pocos que sí se atreven hacerlo, se notan faltos de ganas y de orgullo. Es como si lo hicieran a regañadientes, obligados; sin sentir la música y la letra palpitándoles en su corazón y hasta sin la postura recomendada que requiere este acto protocolario.

Pero también me aterra y me desilusiona mucho el saber que son muy pocos los que se preocupan por este importante tema que, repito, es cuestión de identidad – región, y que es competencia casi que en forma “exclusiva”, por así decirlo, de las autoridades locales con sus respectivas secretarías de Educación y Cultura. ¿Será acaso que esas partituras no tienen dolientes en esta región?

Recuerdo que la administración del exalcalde Ramiro Navia mandó a timbrar unos folletos con la letra del himno de Popayán para que fuesen repartidos entre los estudiantes de escuelas, colegios y la comunidad en general, pero la intención no caló mucho que digamos y el resultado final no fue el esperado. Doy fe de que muchos de los aficionados que asistían al estadio Ciro López y otros coliseos patojos, ni aún así lo cantaban.

Articulos relacionados

jueves 1 octubre, 2026 a las 7:58 pm

A espaldas del Cristo

jueves 1 octubre, 2026 a las 7:12 pm

Operativos, más ONU y CHINA