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Miércoles, 7 de octubre de 2026
domingo 2 mayo, 2010 a las 9:29 pm

“Que nadie se acueste con el desespero de un amanecer incierto”: Antanas Mockus

El candidato presidencial por el Partido Verde, Antanas Mockus, visitó la ciudad de Popayán durante los días miércoles 28 y jueves 29 de Abril. En entrevista directa con el director de PROCLAMA, para indagarlo acerca de su visión y proyecciones de un eventual gobierno con respecto al norte del Cauca, para iniciar, ratificó que “hoy más que nunca siento que tenemos la capacidad de transformar profundamente la sociedad para que cada vida sea sagrada, cada peso público se gaste bien y la ilegalidad desaparezca”.

Insiste en cada intervención suya: “Estoy convencido de que en la raíz de muchos de los problemas de Colombia está la cultura del atajo y la ilegalidad. Por eso toda mi vida pública ha estado fundamentada en ejemplificar y abogar por el cumplimiento estricto de la Constitución y las leyes”.

Los siguientes son los conceptos suyos expresados a cada tema que le fue planteado:

La violencia y miseria en ciertos sectores del norte del Cauca

El Cauca está agobiado por varias violencias, de origen distinto y de tratamiento distinto. Qué parte es común: frente a cualquier violencia hay que reivindicar que cada vida humana, la suya, la mía, la de cualquier indígena o afrocolombiano que habita esta región, ésa vida es sagrada, y eso quiere decir que no se puede matar para robar, ni matar para no dejarse robar, y menos, para imponer las propias ideas. Quienes reconocen la Constitución colombiana deben acatar eso, que no se puede matar para imponer ideas, y quienes no la reconocen, deben ser perseguidos por el Estado.

Por eso, vivir en el mismo territorio regido por una Constitución sin acogerse a ella, puede ser considerado casi como invasor; las FARC deben entender que a las comunidades no les gusta el lenguaje de la violencia, ni el lenguaje del secuestro; paradójicamente, aquí, en el norte del Cauca, las comunidades indígenas tienen una enorme capacidad de organización social, han demostrado un heroísmo ejemplar y muchas veces han logrado controlar la violencia y el secuestro con métodos pacíficos que toda la sociedad colombiana debería conocer y apoyar. Yo siento una solidaridad muy grande por estas comunidades indígenas, especialmente por su vocación para resolver conflictos con métodos pacíficos.

Quisiera ayudar de la manera más contundente posible para que las noches se puedan pasar tranquilas en la región, que nadie se acueste con el desespero de un amanecer incierto, que es lo que me ha quedado de las conversaciones con los campesinos colombianos.

La Legalidad Democrática

En estas circunstancias, yo sé que cumplir con la Constitución va a tomar cierto tiempo, pero es nuestra obligación hacer todo lo posible por cumplirla y a las FARC, la comunidad misma debería presionarla con un solo mensaje: acójanse a la Constitución, acepten como colombianos, que a todos, sin excepción, nos rige una misma legalidad y que nadie puede estar por encima de la soberanía del pueblo o excluido de los mandatos constitucionales.

Relación con los partidos que no hacen parte de su proyecto político

Los parlamentarios, todos, serán respetados porque cada uno tiene capacidad de argumentación, capacidad para responder y ayudar a tomar las mejores decisiones; yo voy a escuchar mucho las opiniones de los parlamentarios, lo que no voy a hacer es sobornar el Congreso, no les voy a ofrecer puestos ni proyectos tratando de corromper su voluntad; será como el voto del 30 de mayo: No acepto que nadie vote por mi presionado, tiene que votar libre de todo apremio, en conciencia; lo mismo le pido al congresista: que el proyecto que le parezca bueno lo apoye, el que no, que ayude a modificarlo para mejorarlo. Será una ruptura muy fuerte con lo que hemos visto en el funcionamiento del Congreso. Lo más interesante, lo que a mi juicio es más relevante en este proceso es que demostré en Bogotá que era posible gobernar sin tranzar, que era posible gobernar respetando la autonomía del Concejo en el caso de la ciudad y del Congreso en caso del país.

Frente a la posibilidad de un fraude electoral o un atentado personal ante la evidencia del cambio en el sistema político que nos ha regido en los últimos años

Muchas veces en mi discurso oirán extrañas expresiones de afecto, que no son falsas: yo quiero a todos los colombianos, es mi capricho, es mi vocación; si alguno de ellos me mata, que tenga la garantía que a él también lo quería, no voy a cambiar ese amor por lo que me hagan. Yo creo que la mayor parte de la maldad, si no toda, proviene del error de no haber comprendido algo, de no haber mirado algo bien; cuando le pido a las gentes que se miren las caras y cada una le diga a la otra tu vida es sagrada, yo quiero garantizarle el derecho a la vida a todos y cada uno de los colombianos porque si nos garantizamos todos la vida lo demás ya se discute; puede que haya carencia de servicios públicos en un barrio, pero si no nos matamos, ya hay un clima distinto para resolver el problema de los servicios públicos.

Mirando hacia el Ecuador, la gente tiene una legalidad, una fuerza pública y una justicia comparables con Colombia, y salvo algunos brotes, la gente no se mata para enriquecerse ilícitamente; en Colombia tal vez somos un poco fosforitos y desconfiamos demasiado el uno del otro; yo esperaría primero que si hay fraude en las elecciones, que no nazca un nuevo M19, que la gente encauce su protesta con métodos pacíficos; y si me matan, que la gente entienda que murió un colombiano más, que había entendido cosas que muchísimos colombianos han entendido. Es que a mí me correspondió expresar una corriente que en el fondo no era para nada mía, sino que era una corriente colectiva, mi vida está claramente al servicio de una causa colectiva; si me hacen algún daño, si me quitan la vida especialmente, no dejarán que mi memoria alimente luchas colombianas de manera violenta.

Le pido ya que me plantea un tema espinoso, que me permita a través suyo pedirle a la gente que cuando no haya aplausos convencionales, la gente aplauda como palmoteamos anoche en la manifestación, con la simbología esta de las manos con las palmas abiertas agitándose.

Creo que cada colombiano es parte de la humanidad, eso nos impone la obligación de no matarnos; hay muchas cosas para conversar, para discutir, terrenos para el desacuerdo pero debería haber un acuerdo principal: un acuerdo sobre la vida.
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