¿QUÉ LEES, MARILYN?



Dime qué lees, Marilyn. No he leído a Joyce, podrías contármelo todo; soy una revoltura de memorias huecas.
Podrías decirme qué palabras abren el puerto, adónde vamos con este itinerario de incendios en el alma, en dónde las palabras para apaciguar tempestades.
Casi hablas; tu tono en voz alta no adivino, sólo veo ensimismamiento. Y eso es bueno, perder el cuerpo aunque esté vestido de rayas y colores, aunque el cabello ondee con el viento y no pueda ocultar nada de tu bella presencia.
Quizás el cuerpo ilumina más que las palabras, la tarde es un encanto; ni una abeja zumba, las flores se fueron lejos; no hay aduanas ni policías cercanos, y tampoco un ángel guardián que nos tape la mirada. No hay más remedio que contemplar, mirar cómo hablas contigo misma, oír el susurro de los árboles; se oyen más que tu voz, de pronto hay hormigas cerca de ti.
Todo es un mundo privado, todo se espía desde la distancia, con algo de envidia; porque los días nos van diluyendo en nada, y la belleza debería perdurar por siempre. Y tú tienes la belleza que la muerte no aniquila; estás allí, después de años de permanecer más que callada, con el viejo recuerdo de los tiempos.
RVQ



