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Sábado, 3 de octubre de 2026

EL PUJO Y AGONÍA DE LA VICTORIA FALLIDA

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Bulevar de los días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy – Loco-mbiano.
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http://www.elespectador.com/entrevista-de-cecilia-orozco/plebiscito-literalmente-una-decision-de-vida-o-muerte-s-articulo-656718

Se hizo patente el dicho popular: Cuando el río suena, lleva piedras: Tanta euforia se invirtió y se repartió para todo un fiasco. Y duele más cuando es el presidente de la Patria quien lo provoca. Antecedieron banquetes, viajes frondosos, cuñas en TV y radio, discursos ante la ONU, visita anunciada del Papa y mermelada para Comités por acá y acullá.

Todo terminó en pamplinas. Un resultado de ventaja de infelices 60 mil votos que dieron la ganancia al NO. No. El resultado no fue para contar adeptos sino para medir el grado de aceptación y favorabilidad de quienes convocaban la lid electoral.

Ya lo sabíamos de antemano. 50% para Santos y 50% para Uribe. Solo los adoran sus devotos y protegidos. Los demás somos mirones y simples espectadores de sus fugaces apariciones en escena. Al final, por un pírrico .23 – ni siquiera medio punto completo – de porcentaje ganó el grupo del NO. Pero en esa cifra se resume la poca democracia y sincretismo político de nuestro país. A eso hemos llegado. Esa es la formación ciudadana que nos legan todos estos años de libertad del yugo español.

¿Ganaron los que votaron y se dieron el gusto de salir en medio de la cola del huracán que nos alcanzó del Matthew? ¿O fue una decepción más de las operetas de este gobierno? Ya lo había dicho la Corte Constitucional antes de imprimir la papeleta del voto de ayer. Era solo la refrendación de los Acuerdos de La Habana lo que se pretendía. No un voto por la Paz. Y eso no quedó claro para los colombianos. Por eso la apatía y la confusión.

¿Quién no quiere la Paz? Solo pensarlo así sería absurdo. Pero la Paz requiere una gran cantidad de cambios estructurales en el funcionamiento de nuestras instituciones. El voto era para refrendar los acuerdos de las Farc y el Gobierno, que luego se iría ampliando en el rodaje del bulevar de los años y los días. Y el pueblo en eso empieza a hilar delgadito. No come entero y no se dejó meter el dedo en la boca.

La votación de ayer ha servido para darle un mentís a los pronósticos oficiales y a las firmas de las encuestadoras de bolsillo y a los analistas de universidades y de noticieros. Más pudo el voto mudo y reposado de los que no acudieron a las urnas. Ahí estaba el descontento, el voto de desacuerdo por el cambio de rumbo de lo que no decía la papeleta. Otra vez la mayor abstención, del 62.60%…

No se votaba por alcanzar la deseada Paz, afortunadamente. La paz está ahí, esperando su oportunidad. Simplemente habrá que releer la voluminosa cartilla y que los sabios -no el Congreso- se sienten a planear el futuro cercano de esta Locombia con realismo sin magia, a secas. Con cuentas claras y sin tanto recoveco y condicionamientos. Se perdieron estos cuatro años en los que cualquiera se hubiera podido graduar de magister o doctor en política con tanta plata invertida. Y, otra pregunta: ¿Aquí nadie es culpable del chasco que vimos?

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