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Domingo, 4 de octubre de 2026

PROTESTA CONTRA LA CORRUPCIÓN

Protesta
Cabezote Bulevar de los Días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano
Protesta
http://www.heraldo.es/noticias/internacional/2013/06/26/quien_dirige_las_protestas_brasil_239788_306.htmlEFE

Lo que acabamos de presenciar en las calles de Brasil – no en el Maracaná – no ha sido suficientemente reflexionado. El fervor que entre los hinchas del fútbol despertaba el resultado de los últimos partidos, ocultó un poco el fenómeno que está creciendo entre el pueblo que marcha incontenible por frente a los estadios.

Brasil ganó y eso tiene feliz a la gran torcida brasileira y a quienes alzamos la bandera de Suramérica en su triunfo ante los ibéricos. Vimos en las graderías del coloso estadio a Shakira triste y a Blatter sonriente. Pero no vimos a la presidenta Rousseff porque no se atrevió a una segunda silbatina que le impidiera hablar de nuevo. Se sintió sin respaldo popular, y con sentido realista decidió desistir de asistir a la gran final que le dio el triunfo al scracht de la verde amarela.

Todo ¿por qué? No solamente porque el pueblo se sentía abrumado por tanto impuesto, por el alza del transporte público, sino por la corrupción que está asfixiando al país. Quienes veíamos por TV los progresos del equipo en manos del Felipao Scolari y los goles de Neymar, Jo y de Fred, no podíamos creer que el astro Romario* desde su curul de diputado estuviera cuestionando al gobierno brasileño y al secretario de la Fifa. Nada menos se podía decir que estaba azuzando contra la estabilidad del torneo cada jornada más en alza en expectativas. Y que podía llegarse a cancelarlo. Afortunadamente no sucedió.

Pero la situación sigue en marcha.* Con Lulla Brasil tomó la bandera de renovación y liderazgo suramericano. La economía y la industria crecieron y ese país se puso a la cabeza del mundo junto con los tradicionales países del grupo G-8. Sin embargo, con el correr de los días la bonanza que Lulla impulsó se ha ido derrumbando. Cunde el descontento y el pueblo, sabio y paciente, no ha soportado más el cáncer de la corrupción en el Estado.

No hablan los periódicos de la pobreza y el crimen en las favelas, como una disculpa para tapar lo que ocurre en el seno de la clase dirigente. Ahora el pueblo en las grandes ciudades expresa su rabia y su indignación contra el robo del erario, los sobrecostos en las obras públicas y el alto gasto público. Lo que conduce al detrimento de la calidad de vida, la salud y los salarios. Y el consecuente aumento de la burocracia y los gastos de la preparación del Mundial de Fútbol en 2014.

Brasil, como Egipto, Siria, se está levantando contra las hegemonías internas, contra las mafias oficiales que los oprimen. No es la guerrilla, no es el narcotráfico, no es la delincuencia organizada desde fuera del Estado. No. El cáncer que detecta y contra el que clama el pueblo es la corrupción oficial. Es la mordida, es la coima, es el precio de más que cuestan unas obras por el cobro de los que otorgan los contratos. Es la costumbre que se extendió como un incendio y que todo mundo sabe dónde y cómo comienza. Y hay leyes que lo facilitan y casi lo premian o sustituyen.

Lo que sucede en este momento de la historia en Brasil, un gigante herido que muestra su pecho lacerado, es una señal para los países que lo rodeamos. No podemos ver impasibles que un país hermano caiga, ande con los bolsillos vacíos, mientras sus dirigentes andan llenos de prebendas, viajes, aplausos y desviando la atención hacia otros asuntos que tapan la realidad que corroe por dentro.  

01-07-13                                  10:44 a.m.

 

 

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