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lunes 14 septiembre, 2009 a las 3:30 pm

A propósito de los mineros de Suárez

El oro maldito

Por: L. Felipe Solarte Nates


Fotografías: ciudadpopayan.files.wordpress.com

La situación actual de los mineros artesanales de Suárez, desalojados por las autoridades de sus tradicionales sitios de ‘barequeo’ a orillas de los ríos, argumentando la defensa de sus vidas, condensa la sangrienta y amarga historia del oro que marcó la historia de la América colonizada por España y ahora por las grandes transnacionales que al igual que en la época de los conquistadores siguen usando los mismos métodos de connivencia con las autoridades de turno, que les adecuan las leyes a sus intereses, ponen a su servicio sus autoridades y si esto no es suficiente, patrocinan grupos violentos, que en Colombia crecen silvestres como las AUC y sus mutaciones alias “Los Rastrojos”, etc, para desalojar a quienes no les dejan sacar de las entrañas de la tierra al precioso metal.

Después del descubrimiento de América, cuando Pizarro secuestró al rey Inca, Atahualpa, exigiendo una gran habitación llena de oro por su rescate, el brillo intenso del amarillo sol del oro ha estado teñido de sangre, sudor y lágrimas, pues una visión diferente del preciado metal tenían los indígenas y otra los españoles, cuando nacía el colonialismo.

Para los numerosos pueblos indígenas, el oro era uno más de los preciados bienes que les había regalado la naturaleza para ofrendar a los dioses y principalmente al sol de color dorado y fuente de la vida, pero nunca tuvo el papel de moneda, -que sí lo tuvo el cacao-, y sustento del valor de las transacciones que le dieron en España, Inglaterra y demás potencias colonialistas, cuando después de la toma de los turcos en Constantinopla, en 1453, sentaron las bases del capitalismo, al obligarlos a buscar otras rutas hacia el oriente, incluyendo a Colón, que sabía que la tierra era redonda y no plana.

La región de Suárez, siempre tuvo fama de ser rica en oro y por eso entre los años 40s y 50s al río Cauca llegaron los gringos de la Asnazu Golden Company que con gigantescas dragas ‘ordeñaron’ las arenas y piedras extraídas del río Cauca, para escurrirles el oro en polvo y sacarlo como cuando se abre una llave y en lugar de agua sale oro, según cuenta un sobreviviente de la época.

De esa historia, similar a la vivida en muchos lugares del Choco, en los sitios aledaños a la antiecológica explotación minera, escasa en empleos y rica en mercurio para decantar el dorado metal y de paso envenenar las aguas de los ríos afectando a los peces y habitantes que han construido sus acueductos a sus orillas, en Suárez sólo quedaron los arrumes de piedra a lo largo de kilómetros a orillas del río Cauca.

En nuestra época, con la apertura total impulsada por el gobierno de Uribe para atraer capital extranjero, los principales inversores han sido los del sector minero y entre ellos ha fijado sus ojos en el país un peso pesado, que actúa en todos los continentes, la Ashanti Gold Anglo, que es la mayor extractora de oro en el mundo y en Colombia se ha enamorado de sitios tan brillantes como el cerro de Cajamarca, cercano a La Línea , entre Ibagué y Armenia ,y donde nacen cerca de 20 fuentes de agua, entre ellos el río Coello, que abastece un amplio distrito de riego y la cual están prestos a invadirla con sus equipos y químicos que causarán una gran tragedia ambiental, sí las comunidades no actúan a tiempo para impedir que ejecuten los trabajos permitidos por la generosa concesión otorgada por el gobierno nacional sin consultar con los habitantes del sector, al igual que lo han hecho en todo el país, en regiones habitadas por comunidades indígenas y afrodescendientes a quienes no se les ha consultado sobre la conveniencia o no de aceptar la intrusión de maquinaria pesada y apertura de vías en territorios donde nacen los ríos.

Entre sus amores, la poderosa multinacional, que en los países donde ha estado, como Sur África y las Islas Vírgenes, se ha ganado la fama de asociarse y patrocinar a grupos armados para desalojar a los nativos, se encuentra la zona de Suárez cercana a la represa de la Salvajina y eso explica que «por razones de seguridad social», desde el mes de agosto y bajo presión policial, el gobierno nacional haya prohibido la minería artesanal, que desde que las desarraigaron del África, las comunidades negras han venido haciendo desde que hacinados en las galeras los trajeron a América a beneficiar a los Angulos y Arboledas que eran dueños del gran Cauca, desde el Putumayo hasta el Choco y a la Corona Española.

Hay que estar muy atentos a lo que sucede en Suárez y más en un gobierno tan regalado al capital extranjero y un presidente tan negociante como Uribe (todo por mis hijitos y el pueblo colombiano) y un Ministro del Interior tan siniestro y oscuro como Fabio Valencia Cossio, alcahuetando a su hermanito socio de ‘don Mario’.

La tragedia en Suárez, cuando murieron 22 mineros artesanales al derrumbarse una mina encima de quienes la explotaban, pudo ser inducida por manos criminales, con el propósito de abrirles el camino a la gran multinacional que va tras el filón de Suárez, prohibiendo y penalizando la minería artesanal. Eso merece una investigación.

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