Su nombre era María, que significa «preferida por Dios», y era natural de Magdala en Galilea; de ahí su sobrenombre de Magdalena. Magdala, ciudad a la orilla del Mar de Galilea, o Lago de Tiberiades, donde el Señor encontró a esta mujer que era pecadora. Cuando Cristo cenaba en casa de un fariseo se arrojó a sus pies, se echó a llorar y lo ungió con un perfume de nardo muy fino que llevaba en un frasco de alabastro. Representa el perdón del pecado por parte de Jesús: «Tus pecados quedan perdonados… Tu fe te ha salvado, vete en paz». (Lc 7, 48-50)
El Evangelio nombra a Magdalena para decir que estuvo junto a la cruz, cuando murió Jesús. La ausencia de hombres amigos junto a la cruz del Redentor fue escandalosa. Sencillamente no se atrevieron a aparecer por ahí. No era nada fácil declararse amigo de un condenado a muerte. El único que estuvo junto a Él fue Juan. En cambio las mujeres se mostraron mucho más valerosas en esa hora trágica y fatal. Y una de ellas fue Magdalena.
San Mateo (Mt 27,55), San Marcos (Mc 15, 40) y San Juan (Jn 19, 25) afirman que junto a la cruz de Jesús estaba la Magdalena. En las imágenes religiosas de todo el mundo los artistas han pintado a María Magdalena junto a María, la Madre de Jesús, cerca de la cruz del Redentor agonizante, como un detalle de gratitud a Jesús.
Uno de los datos más consoladores del Evangelio es que Jesús resucitado se aparece primero a dos personas que habían sido pecadoras pero se habían arrepentido: Pedro y Magdalena. Como para animarnos a todos los pecadores, con la esperanza de que si nos arrepentimos y corregimos lograremos volver a ser buenos amigos de Cristo.
Los cuatro evangelistas cuentan como María Magdalena fue el domingo de Resurrección por la mañana a visitar el sepulcro de Jesús. San Juan lo narra de la siguiente manera: «Estaba María Magdalena llorando fuera, junto al sepulcro y vio dos ángeles donde había estado Jesús. Ellos le dicen: – ¿Mujer, por qué lloras? – Ella les responde: – Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto.
Dicho esto se volvió y vio que Jesús estaba ahí, pero no sabía que era Jesús.
Le dice Jesús: – ¿Mujer por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que era el encargado de aquella finca le dijo: – Señor, si tú lo has llevado, dime donde lo has puesto, yo me lo llevaré.
Jesús le dice: ‘¡María!’
Ella lo reconoce y le dice : ‘¡Oh Maestro!’ (y se lanzó a besarle los pies).
Le dijo Jesús: – Suéltame, porque todavía no he subido al Padre. Vete donde los hermanos y diles: ‘Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios a vuestro Dios’.
Fue María Magdalena y les dijo a los discípulos: – He visto al Señor, y me ha dicho esto y esto.» (Jn. 27, 11).
Esta mujer tuvo el honor de ser la encargada de comunicar la noticia de la resurrección de Jesús.
Nota: Este paso en el año 1946 fue adquirido por la señorita Amaly Alvarez (QEPD). Su síndica es María Teresa Álvarez Navia.



