PREVENCIÓN DE DESASTRES DEL INVIERNO
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Hemos visto al Presidente de la República muy seco y muy majo de visita a algunos lugares donde las lluvias torrenciales, las corrientes de los ríos y quebradas y los aludes han desencadenado su furia y han arrasado sin freno casas y enseres en pueblitos y ciudades. Hemos visto llorar desconsolados a colombianos viejos y jóvenes que han quedado en la ruina.
Quisiera narrarlo de otra forma más poética, pero no puedo. La realidad es cruda como el invierno. ¿Por qué las nubes han derramado tanta agua, por qué ha caído granizo, por qué los vientos están tumbando casas, techos, negocios en los vendavales? ¿Por qué los ríos se han salido de madre y han dejado que sus aguas mansas de otros días se levanten con ira, formen lodo y arrastren consigo piedras, ramas y ganados?
Ya es el tercer año y la Naturaleza sigue cobrando los daños que le hacen a ella y a los más pobres. No son los agricultores, ni los habitantes de suburbios y barrios periféricos los que han causado los males que el medio ambiente está haciendo patentes.
Y el Presidente dice con mucha calma a los damnificados, como si no tuviera conocimiento de lo que está ocurriendo, que se prevengan para que no suceda algo más grave.
No es a ellos que tiene que decir eso. Quienes deben prevenir los desastres son las Agencias que se están nombrando ahora para que hagan lo que no hacen los Ministerios y las CARs o los alcaldes, el ICA, el Incoder y Colombia Humanitaria. Quienes deben velar porque no se talen selvas, lotes enteros de árboles en Chocó, Amazonas, Putumayo, Quindío, Valle, junto a los cuencas que guardan ríos y riachuelos.
Debe velar MinAmbiente que no horaden las Reservas Naturales con Hoteles, debe velar la Agencia de Hidrocarburos para que no devasten sin control El Quimbo, Santurbán, los páramos, para buscar yacimientos. Debe velar para que no ocurran desastres quienes abren túneles y nuevas vías, quienes entran con grandes orugas a los ríos y desvían sus aguas y quienes perforan y dinamitan montañas causando movimientos que erosionan y debilitan la estabilidad de tierras y poblados.
Si no fuera cierto que el presidente de Colombia está pidiendo a la gente que habita junto a ríos, – donde los fundadores buscaron el porvenir de pueblos, como en Roma, Londres, París -, que se prevengan, parecería un chiste. Las “licencias” ambientales, las licencias para explotar canteras en las afueras de las ciudades y sobre las riveras de los ríos, los que botan a los lechos desechos industriales y destrozan la vegetación y el paisaje que protege los lechos de los ríos, los que empiezan a construir hidroeléctricas y represas sin estudios, son los causantes de este descontrol en que está la Naturaleza. Minminas con sus agencias que otorgan licencias a inversionistas que están trepando el ingreso bruto a sus bolsillos y se están llevando de nuevo el oro, el platino, la plata el níquel y el uranio, tienen que responder por tanto daño a los humildes pobladores de pueblos y ciudades.
La Procuraduría, que está en campaña para la reelección en esta época, los personeros en sus localidades deben mover su indolencia y no dejar en manos de los “pseudo inversionistas” la vida y bienes de los colombianos que lloran la pérdida de sus patrimonios y de sus padres e hijos bajo un alud o una creciente, junto a una explotación o tala cercana para que los ríos y los vientos se muevan como hacen las veletas.
Señor Presidente: diga, por favor, ¿cómo se a prevenir una familia en El Quimbo, en Cali, Santander, Bogotá, Calarcá, Casanare, Nariño, Chocó o en la Guajira de los Wayuú de la creciente del río Ranchería desviado y sin lecho, de una selva talada que no frena los vientos, si el gobierno concede las licencias para las obras?
23-04-12 – 6:25 p.m.
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