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Sábado, 3 de octubre de 2026
viernes 28 mayo, 2010 a las 4:40 pm

POSIBLE UTOPÍA DE MOCKUS

Por Carolina Quevedo Castro


Antes había estado tan segura de votar por alguien como lo estoy ahora. Antanas Mockus me ha cautivado con su mirada transparente y su sonrisa de niño. Mockus es un niño de 58 años que, con sus locuras y sus propuestas de cambio, nos hace volver atrás para recordar nuestros ideales de infancia.


En nuestra inocencia no nos preocupaba salir a las calles ni desconfiábamos de nadie. Creíamos ser amigos de todo el mundo porque todos miraban a nuestros ojos y sonreían a nuestro paso. Deseábamos crecer rápido para vivir el anhelado futuro. Soñábamos lo que nos gustaría ser. Seríamos felices en nuestros trabajos y en el calor de los hogares que configuraríamos. Seríamos padres bondadosos, amantes y fieles esposos y excelentes trabajadores. Nuestros felices, cariñosos, obedientes y respetuosos hijos tendrían un hogar ejemplar y seríamos unos sabios y querendones abuelitos. Ese era, en términos generales, el ideal de vida y así lo exteriorizábamos en nuestros primeros juegos. Como todavía lo hacen los niños de hoy.


Fuimos creciendo y al madurar, sin darnos cuenta, nos adaptamos al mundo. Hoy ya somos adultos. ¿Pero qué diríamos, juzgándonos desde nuestro olvidado niño interior, de lo que hoy somos? ¿En qué nos hemos transformado? ¿Cómo llevamos nuestras vidas? Nos hemos adaptado tan bien a la “realidad” que nos hemos convertido en seres infelices, envidiosos, desleales y falsos. Nos hemos desdibujado tanto que no nos reconoceríamos. Muchos, incluso hemos llegado a ser malos ejemplos hasta para nuestros propios hijos a los que ayudamos a autodestruirse.


Convivimos en un mundo cruel y hay que enfrentarlo. Optamos por la corrupción, la violencia, la mentira, justificamos de forma maquiavélica a los tramposos porque son muy “vivos” y, a ellos sí que les va bien. Hasta de pronto, nos podríamos beneficiar de ellos. Llegar al poder es lo más importante para poder aplastar a cualquiera que se atraviese en el camino. Hoy no confiamos en nadie. En casa, convivimos y maltratamos a nuestros enemigos. Es decir a nuestros padres, hermanos, cónyuges e hijos. Pero qué grato es encontrarse con extraños conocidos. A ellos prodigamos nuestros más falsos elogios porque siempre es importante cuidar la imagen pública y recibir a cambio halagos y favores que alimenten nuestro ego y nuestro bolsillo. En la calle es mejor cuidarse y la mejor compañía siempre es el miedo. El miedo que infundimos o con el que somos debilitados. Hay que vivir alerta. Uno nunca sabe quién saltará en la próxima esquina.


¿Qué nos pasó? Quisiéramos tener la certeza de no estar viviendo una pesadilla sin fin. La verdad… ¡Nadie soñó con un mundo así! ¿Por qué tenemos que asumir que debemos seguir viviendo en él tal cual y como es? Es el mundo que hemos heredado pero… no el que debemos heredar. Si algún día fuéramos llamados a cuentas pecaríamos por acción, por contribuir en su degenero y, por omisión, si no hacemos algo para cambiarlo.


Por suerte, hoy vislumbramos una luz esperanzadora que cambiará la historia de nuestra Colombia en la que sus dirigentes siempre usaron el lenguaje de las armas y la permisividad. El lenguaje que tiene que ponerse de moda es el de la paz y la legalidad.


En hora buena, nos llegó un idealista a la Presidencia. Mockus, gracias a Dios, es ese iluso. Pero no es un iluso cualquiera que se dedica a soñar. Es un soñador que hace sus sueños realidad. Y algo que nos debe regocijar es que estamos incluidos en sus más preciados sueños. Como él mismo lo dijo en Citytv: “Yo nací para eso”. Su misión de vida es cambiar la “realidad” a la que nos hemos acostumbrado.


En Colombia existe gente buena. Otra que no lo es tanto porque al parecer un día se despertó y se dio cuenta de que en ese afán de adaptación, había tomado el camino equivocado sacrificando su propia felicidad. Lo mejor de todo es que todos los colombianos somos convocados al cambio porque estamos inmersos en el proyecto de la Colombia que quiere Mockus. Esa Colombia que también todos queremos y debemos ayudar a edificar para legarla a nuestros hijos con orgullo. Todavía estamos a tiempo de cambiar, de vivir nuestro sueño de infancia y de permitir a nuestros hijos vivir el suyo. Debemos luchar, unidos por lo que debería ser: trabajar todos por el bien común, por el bien de todos los colombianos.


No nos resignemos a la “realidad” que otros políticos aceptan gustosos seguir asumiendo y enfrentando. No seamos condescendientes a dejarnos robar, a vivir en el caos y ver impotentes cómo nuestro rico país se va degradando sin remedio. No somos impotentes. Tenemos el poder y la responsabilidad democrática de decidir y remediar nuestro futuro. Debemos decidirnos por el bien. Y el bien lo representa Mockus con su honestidad, sabiduría y amor a la patria. Debemos despertar y actuar. No esperemos, como siempre, que otros decidan por nosotros, porque así es más fácil asignarle la culpa a los demás de nuestra desgracia.


A Mockus se le ha recomendado ir a gobernar un país como Dinamarca porque aquí no somos civilizados. Pero lo podemos ser y tenemos el derecho y la obligación humana de serlo. Mockus ha demostrado, con su sinceridad, con su trabajo decente, enmarcado por la legalidad y con su espíritu de niño, que todos podemos seguir siendo niños. Es decir, que podemos confiar en el otro, que cada día podemos ser mejores personas y que en nuestro país no será imprescindible cambiar la inocencia por la malicia. Sumémonos entusiastas y de manera activa a la ola verde de la esperanza. Mockus nos invita a que recordemos nuestros ideales y vivamos de acuerdo con ellos. Con Mockus vivir mejor y en armonía, es la más posible de las utopías.
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