“POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS”

Los primeros días quilichagueños del presente año 2015, que debieran ser días de completa tranquilidad, sosiego y felicidad, motivados por el hecho en sí mismo de un nuevo comienzo de año, y por las expectativas y deseos que todos abrigamos en nuestros seres interiores, para que haya algo diferente y distinto, se han visto opacados y enrarecidos por los continuos asesinatos de varias personas (siendo ya once), más que todo jóvenes, situación que más conturba y duele, porque ellos apenas están comenzando a vivir, como decimos todos y con razón en nuestras tertulias cotidianas y que también se escucha por doquier, que han provocado la natural zozobra e inseguridad en la sociedad quilichagueña, no tan acostumbrada a que se produzcan esos hechos delictivos, en esa profusión.
Dentro de tal orden de ideas, existe también otra paradoja muy cruel. Ya sabemos que desde el pasado 20 de diciembre de 2014, empezó la tregua unilateral indefinida de parte de las FARC, la cual según los últimos reportes de las entidades respectivas, ha sido cumplida fielmente a cabalidad, logrando tener una paz relativa en nuestros territorios acosados por la continua violencia guerrillera. Precisamente el día anterior, el 19 de diciembre, se produjo el asesinato de los cinco soldados en Vilachí, vereda quilichagueña (rogando a Dios que sean los últimos y que nunca más se produzcan sucesos tristes como ese) y el secuestro de uno de ellos, afortunadamente rescatado posteriormente por mediación de la Cruz Roja y entes respectivos. Esa tregua benéfica, la deberíamos estar gozando plenamente los quilichagueños, como lo hacen los demás municipios con presencia guerrillera, pero en nuestro territorio, en nuestra magnífica y amable “Tierra de los Samanes”, sucede lo contrario y parece que la parca no está de acuerdo con ese detalle pacífico, gozando esa tregua y entonces aparecen las otras violencias, las urbanas (que tienen que ver más que todo con el microtráfico y otros tráficos) y se instalan en nuestra ciudad como Pedro en su casa y nos dañan la imagen que teníamos antes, y nos convertimos en la segunda ciudad de la violencia, según las autoridades respectivas, los titulares de la prensa y los informes televisivos.
Personalmente me da pena y sentimiento quilichagueño escribir lo anterior, pero es la verdad, monda y lironda. No podemos esconder la cabeza como avestruces en la tierra y vivir como si nada pasara, con los brazos cruzados y esperando que vengan del cielo las soluciones mágicas a lo que nos está pasando y no nos deja dormir tranquilos. Los periodistas y columnistas con verdadera ética profesional, tenemos el deber de informar y opinar sobre lo divino y lo humano, dentro de los cánones de la verdad, mostrando lo que pasa y sucede (como decían unos colegas de una emisora payanesa), con respeto y sin agravios, destacando lo que hay que estacar y criticando, con altura las situaciones anómalas, como las que estamos padeciendo los quilichagueños en carne propia, con las muertes trágicas de estos días.
Algo hay que hacerse, para tratar de mitigar la situación planteada, o mejor, para que nunca más sigan esas situaciones delictivas. Las autoridades por un lado, tienen la palabra y la comunidad quilichagueña, por el otro, debe exigir un alto en esa cadena que nos está asfixiando. Nadie debe estar conforme con la situación. Debemos exigir un ¡BASTA YA!, a lo que estamos viviendo. Por último es bueno, justo y necesario, recordar el magnífico epígrafe de la novela: “Por quién doblan las campanas” de Ernest Hemingway: “la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque soy parte de la humanidad” (John Donne).





