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Lunes, 5 de octubre de 2026

¿Por qué se fundó la Universidad del Cauca?

Por qué se fundó la Universidad del Cauca

Imagen por: https://chatgpt.com/

Víctor Paz Otero

Están próximos los tiempos en los cuales debe celebrarse y conmemorarse la fundación ya bicentenaria de la Universidad del Cauca, hecho que como es bien sabido, aconteció en el año de 1827.

La ocasión es más que propicia para adelantar varias reflexiones sobre los significados no explícitos, ni evidentes, e igualmente poco estudiados, que se asocian a dicho evento, de tan significativa importancia para consolidar y fortalecer la imagen y la identidad tanto de la propia y antigua institución como de la misma y más antigua ciudad de Popayán.

La fundación de la Universidad, obedeció y se explica, mucho más que por acto generoso y visionario del gobierno republicano presidido por el libertador Simón Bolívar y por el vicepresidente Francisco de Paula Santander, por causas y fenómenos mucho más amplios y profundos, ligados a la necesidad imperativa de estructurar y consolidar un nuevo orden tanto social, político y jurídico, que le daría forma y existencia real a la república que pretendía construirse a partir del triunfo militar obtenido en las guerras de independencia  contra la dominación colonial que ejercía la monarquía española. Esa nueva república se imaginaba bajo las formas liberales y democráticas que empezaron a surgir como consecuencia de la revolución norteamericana y especialmente como consecuencia del triunfo de la gran y transformadora revolución francesa.

Con cierta ambigüedad teórica nuestras guerras de independencia se pueden considerar como un verdadero proceso revolucionario, pues no se trataba ni se proponían un simple cambio de gobierno, sino que pretendieron una alteración y una sustitución de todo una régimen social y político que había prevalecido por más de tres siglos consecutivos dentro de una estabilidad casi nunca cuestionada en sus fundamentos.

El triunfo militar frente a la monarquía española, era solo el prólogo o la puerta de   entrada para empezar a darle posibilidad a la existencia de las formas republicana y supuestamente democráticas, que al menos como aspiración ideológica se proponían los caudillos y los orientadores de aquel proceso bélico para. Se trató de un desafío descomunal para el cual se carecía de experiencia y donde abundaban los entusiasmos idealizados del poder de ciertos postulados teóricos para transformar la manifestación de los hechos reales. No fue ninguna casualidad ni una comedia de simple picaresca política, que al triunfo militar se sucediese un periodo de vacilaciones y extravagancias que nuestra pasada historia se la reconozca como a una PATRIA BOBA.

Por fortuna no fue muy largo el tiempo acontecido para que el nuevo poder que sustituyó al gobierno de los virreyes comprendiera y aceptara que una de las más eficaces de sustentación del antiguo régimen estaba dado por el control que hegemónico que se imponía y ejercía sobre la mentalidad colectiva por los diversos instrumentos del aparato educativo de la época; control que en ese momento histórico estaba a cargo de manera exclusiva y excluyente por la iglesia católica. Sin duda ninguna la monarquía española tenía y ostentaba muchos aspectos y muchos instrumentos de un régimen teocrático. Fue una monarquía que se otorgó la misión, en complicidad y en alianza con el papado, de considerar que parte esencial de su proyecto y orientación cultural y política era el convertirse en el “brazo armado” de la contrarreforma religiosa. Acogiendo ese dudoso imperativo moral, se opuso de manera radical y fanática a detener y a combatir los movimientos de reforma religiosa que de tiempo atrás abanderaba de manera triunfante        y expansivo los movimientos protestantes iniciados por Lutero. De la misma manera combatió y se opuso con furor guerrero a la propagación de las ideas liberales y democráticas que se asociaban a los derechos del pensamiento libre, a la enciclopedia y en general al conjunto de la nueva filosofía burguesa y progresista impulsada a partir de la ideología laica que empezó a predominar a partir de triunfo y de las conquistas de la gran revolución francesa.

España e igualmente el conjunto de sus múltiples colonias, fueron supuestamente protegidas y blindadas del lo que un tiempo pasado se le dio por llamar, con temor y desprecio: “el contagio francés”. Supuesto y despreciable “contagio” que a juicio de los fanáticos católicos se materializa en las ideas y en los nuevos e inéditos conocimientos que se legitiman por el saber y por la mueva ciencia.

En una palabra, España y sus colonias, se blindaron y se opusieron al inexorable avance y desarrollo de lo que hoy conocemos y designamos como LA MODERNIDAD.


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