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Viernes, 9 de octubre de 2026

POR ENTRE BARRANCOS ROJOS SE VE MIAMI

POR ENTRE BARRANCOS ROJOS SE VE MIAMI - AVIÓN
Bulevar de los Días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano
POR ENTRE BARRANCOS ROJOS SE VE MIAMI - AVIÓN
http://www.bbc.com/capital/story/20150430-expat-shock-coming-home

Siempre había oído hablar de Miami como un paraíso. Alguna vez, sin conocerlo lo comparé con Varadero donde me picó una aguamala verde en sus velos de cristal con sol y veneno adentro. Una familia que vive en Fort Lauderdale nos hizo la señal de invitación y no dudamos en aceptar la tentación de imitar a Eva que también atendió la seña.

El Capitán Raúl Florez llevaba las riendas de la gacela gris del A320. A medio camino, sobre el mar caribe y mientras sonaba el Otoño de Vivaldi en el oído, sirvieron el plato del día. Carne con ensalada, galleta y de sobremesa whisky en las rocas con jugo de naranja como pasante. Santa Clara, Cuba, el fortín del Che, se veía abajo. En honor a él pedí un segundo trago. Aquí no hay mojito.

Justo ahora estamos encima del Aventino donde Bolívar juró libertar a América. Se sorprendería de verla tan lacerada con otras lacras más peligrosas que las cadenas y la tiranía.

El avión avanza como todo un martín pescador con pechera blanca y banda roja. Abajo, con majestad rizada, el mar está azul, pintado de azul y motitas blancas como una tela de Renoir. Mi novia al lado me alcanza el whisky y Vivaldi sigue tocando a fuego lento mientras las hojas caen rojizas.

Como un caballito de mar el Airbus salta por Jamaica y Cuba. En el mapa ya divisamos muy cerca a Fort Lauderdale donde Luz y David están saliendo a esperarnos. Bajo los 150 pasajeros el piso es de mar infinito como otro cielo. Por la ventana una luz oscura me llama. Es el sueño. Los ojos quieren cerrarse después de este segundo whisky. Al fondo, unas montañas opacas ha dibujado el día para animar el paisaje.

Miro hacia abajo y el agua parece un redondel de hielo. Ah…! Unos pomos blancos se deslizan como bailarinas sobre pista lisa. Pasamos por el lado de la Isla de la vieja San Juan y viene ala memoria la canción con Javier Solís. Tantos recuerdos se agolpan con este viaje.

Cruzamos rápido por sobre Santo Domingo y más allá Camagüey. No es un mapa, es el territorio físico del son. Quién pudiera bajar y seguir a Santiago para escuchar hasta la madrugada las guitarras de los maestros Compay y Chacón.

Son las 14:51. Abajo el cielo con nubes de abril y arriba un cuadro de azul sin fondo. Es la magia de un vuelo con alas  y ruanas rojas. Hemos recorrido 2643 y faltan ya apenas 467. Marca el tablero turbulencia bajo nuestros vientres. A la derecha Nassau y al frente Miami a un paso de la meta.

El mar de intenso verde y mueve sus rizos como cabello mojado, deja ver unos peces y hasta los engaños de unas aguas malas. Ha llegado el A320 a galope sobre la grupa de unos caballos briosos. Por fin estamos en la puerta abierta del Paraíso donde una vez veranearon Eva y Adán desnudos y comieron coco, pavo y salmón sobre la blanca arena.

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