Popayán en Blanco y Negro


[email protected]
El verbo no es solamente la palabra escrita, es también el conjunto de símbolos que enmarcan el entorno de nuestra experiencia social y el rediseño que conjeturalmente hagamos de lo ya construido, en procesos simbólicos consumados en el entorno de nuestra experiencia social, en cuyos escenarios la imaginación, con nuevos idearios, asume la recreación del mundo con novedosas formas de mirarlo.
Bien decía el autor de Guernica que “aunque sólo existiera una verdad única, no se podría pintar cien cuadros sobre el mismo tema”, abriendo el universo de la cultura estética a todas las metamorfosis posibles, donde el artista escudriña desconocidas imágenes y busca identidades necesarias y posibles.
Verbo es relato, leyenda, pesquisa, exposición, versión cautiva del pasado o versión insubordinada del presente para indignar el futuro, con imágenes inconfundibles, aplicando alfabetos redentores, proyectados en almanaques proféticos donde el tiempo anuncia nuevos estadios de progreso, o sueños aplazados en los bastiones de la realidad social.
A esos planos nos conduce Antonio con sus edificios, casonas, santuarios, mansiones, viviendas y templos saturados de historia, habitados por leyendas adustas, asombrosas y soberbias que no han envejecido todavía.
Verbo es silencio, en Blanco y Negro, elipsis que no suprime el acento histórico de la ciudad, con voces penetrantes, llenas de talento universal, en edades pretéritas y contemporáneas, cargadas de predicciones y futuros, en cuyas líneas arquitectónicas asoman tiempos halagüeños, pese a la desesperanza que sacude la modernidad.
Antonio nos invita, a propios y extraños, con su narración estética seductora, a leer un mensaje documental, el de la ciudad que descansa, estacionada en su obra, donde la vida, paradójicamente, no se detiene y camina guiada por la luz, emancipada de las sombras.
Investigación, cámara, diseño y edición, en un solo dispositivo de afectos y devociones, hacen del argumento de Antonio, una pedagogía visual que enseña a amar a Popayán, con una dosis de afecto que no difiere del enorme caudal de pertenencia y sentido que le prodigan sus hijos, lejanos y presentes.
Un libro que ayuda a recorrer las líneas sensitivas de la historia de la nación y la fisonomía visual retrospectiva de la ciudad que, pese a la preponderancia del pasado, nos conduce a imaginar el advenimiento de otros sueños en la semblanza de su sincretismo arquitectónico y social.
Lectura didáctica, lenguaje espontaneo, sin artificios; semántica urbana de la belleza, en la que se prescinde de metáforas visuales confusas, con fotografías tomadas para ser sentidas y donde Popayán no es vista como un testimonio gráfico agotado.
Fotografía que en el horizonte conceptual de Antonio se vuelve sujeto histórico, contemplación objetiva, sentimiento reflexivo y admiración, que ante los ojos y sentimientos del lector las emblemáticas construcciones del Centro Histórico de la ciudad, de ayer y de hoy, se observan como si salieran inéditas desde los espejos austeros de la luz.
Obra que se transforma en didáctico acervo de leyenda, sin espacios vacíos, imagen gráfica ritualizada por el tiempo, que desata el deseo de verla y fotografiarla nuevamente, tan pronto se ha cumplido con la ceremonia de sentirla y de leerla, para repensar su memoria, allí donde descansa la febril construcción de patria y de nación.
Popayán en Blanco y Negro, un lugar donde la arqueología cultural nos enseña formaciones históricas diferentes, contradictorias, pensamientos y sueños fragmentados, sociedad en movimiento y estética modernista deslumbrante, como en la voz del Maestro Valencia, querella que está viva: “Mísero can hermano de los parias, tú que inicias la cadena de los que pisan el erial humano roídos por el cáncer de la pena; es su cansancio igual a tu fatiga; como tú se acurrucan en los quicios o piden paz, sin una mano amiga, al silencio de oscuros precipicios”.
Fotografía que hace honor al periodismo como constatación de instantes, momentos y tiempos históricos que condensan la memoria de Popayán; fotografía lograda con los mejores cánones de la excelencia estética, de una ciudad que al ser aprehendida, retratada y repensada, como lo ha hecho Antonio María Alarcón Reyna, desvela que es imposible no dejarse cautivar y seducir a plenitud, pero, sobre todo, no sentir amor por ella.








