Popayán 488 años. (2ª parte)

Popayán 488 años. (2ª parte) ¿Ciudad turística y universitaria?

En el artículo anterior a propósito de la celebración el 13 de enero, de los 488 años de fundación española de Popayán, tocaba el tema del estado de conmoción que, para la ciudad, sus habitantes y la clase dirigente, significó la ruina causada por sucesivas guerras civiles cerradas con la de los Mil Días y la desmembración del gran Cauca iniciada durante la dictadura del general Reyes, con la creación de los departamentos de Nariño y Valle en la primera década del siglo XX.
“Se llevaron las mejores tierras y nos dejaron la casona de la hacienda”, dizque dijo el maestro Valencia, sintetizando el sentimiento de ruina que experimentaron al celebrarse, en 1910, el centenario del grito de Independencia, cuando por la cercanía al mar y el aumento de las exportaciones de café y otros productos, el centro de desarrollo económico e industrial del suroccidente colombiano se trasladaba a Cali, comunicada con el puerto de Buenaventura donde incrementaban exportaciones e importaciones; mientras, Medellín, Barranquilla y Bogotá también se transformaban en ciudades dinamizadas por la industria, el comercio y el crecimiento desordenado de las urbes que catalizaría la violencia desencadenada después del asesinato de Gaitán el 9 de abril de 1948.
Popayán decayó paulatinamente, aferrada a la tradición religiosa, la fiesta de Reyes y los juegos de negros y blancos, su Semana Santa y la esperanza de milagros que la resucitaran jalonados por la inauguración de la línea férrea entre Cali y Popayán en 1926. El suroccidente del país también perdió el peso económico y político que tuvo en la segunda mitad del siglo XIX cuando el rey oro se producía por toneladas gracias al trabajo esclavo.
En las primeras décadas del siglo XX, en varios intentos por ganar la presidencia de la República, el poeta payanés Guillermo Valencia fue derrotado por sus copartidarios antioqueños: Marco Fidel Suárez y Pedro Nel Ospina y posteriormente por el liberal Olaya Herrera, cuando los conservadores se dividieron con el general Vásquez Cobo, como segundo candidato.
La universidad del Cauca también sintió el golpe y por largos años desapareció la carrera de medicina, mientras la facultad de Derecho y Filosofía, de donde en el siglo XIX habían egresado numerosos presidentes de la República se mantuvo buscando preservar su prestigio que seguía atrayendo a estudiantes de distintas regiones del país, al igual que el programa de ingeniería civil.
Iniciando la década de 1930, con el ascenso de gobiernos liberales, el nombramiento en la rectoría de la universidad del Cauca, de Cesar Uribe Piedrahita, médico e investigador antioqueño, graduado en Harvard y novelista, significó un intentó por modernizar la institución en sus planes de estudio y métodos de trabajo orientados a fomentar la investigación y producción científica y artística.
Durante la primera mitad del siglo XX, la universidad del Cauca siguió siendo la principal institución de educación superior del suroccidente del país, cuando no existían la de Nariño, del Valle, la Sur Colombia de Neiva y varias privadas; y por su clima, tamaño, tranquilidad, legado histórico y arquitectura: Popayán, en la práctica, se convirtió en una atractiva ciudad turística y universitaria, cuyo desarrollo como tal, no fue estimulado y favorecido por sucesivas administraciones municipales, tal como si lo hicieron, en la segunda mitad del siglo XX, en Manizales, sin mayor tradición universitaria y académica, cuyos hijos más destacados del viejo Caldas: Fernando Londoño y Londoño y Otto Morales Benítez estudiaron en la universidad del Cauca.
Por inercia o vegetativo ha sido desde entonces el transcurrir, decadencia y crecimiento anárquico de la ciudad, sacudido por el terremoto de 1983, cuando el derrumbe de la mayoría de construcciones del Centro Histórico y gran cantidad de residencias y casas de inquilinato, aceleró la expansión del perímetro urbano a partir de asentamientos donde en carpas se refugiaron miles de destechados que vieron la oportunidad de ganarse sus propios espacios.
Durante el gobierno de Belisario Betancur el gobierno nacional aportó significativos recursos para la reconstrucción del derruido centro histórico, conservando sus fachadas y con remodelaciones al interior de las edificaciones; mientras después de movilizaciones y luchas que le costaron la vida a dirigentes como el estudiante universitario Lucho Calderón y el docente Luis E. Solarte, miles de familias de los asentamientos, lograron la autoconstrucción de sus viviendas, asesorados por el SENA, entonces dirigido por Gustavo Wilches Chaux, y con recursos aportados por ayudas internacionales, empresas privadas y por el gobierno nacional, que además debió refinanciar muchos créditos para reconstrucción y construcción de vivienda hechos por el Banco Central Hipotecario, BCH y el Instituto de Crédito Territorial, ICT (después INURBE), mientras a partir de centros de formación técnica como el Colegio Mayor y el UCICA, después universidad Autónoma del Cauca, se iniciaba la creación e instalación en la ciudad de nuevas universidades.
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Créditos de la fotografía: IA



