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Domingo, 4 de octubre de 2026
martes 25 marzo, 2014 a las 5:00 pm

POETAS

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Gloria Cepeda Vargas
Gloria Cepeda Vargas

“Los libros son solo ocasiones para la poesía”, dijo Borges en el primer capítulo de su Arte Poética. Ésta es una de las frases afortunadas del escritor argentino.

Hace rato la noche se pasea a sus anchas. Los niños dejaron de jugar. Sobre los flancos de la cordillera abre sus alas el pájaro lejano. Y se puebla mi alma de amigos invisibles bajo el cielo que empieza a sacudir sus naranjales de violeta. La hora que necesito se despereza como una flor y la poesía se adueña de la vida.

En el pequeño círculo que me correspondió, giro con mis tesoros. A mi lado, entre paredes de algodón, duermen los libros.

No sé si alguna vez Borges se dejaría profanar por ese ácido corrosivo que se llama vanidad. Si así hubiera sucedido, estaría en su derecho como portador que fue de la suprema revelación entre tanto fuego fatuo que abrasa la desnudez de la noche. A diferencia de Sísifo, subió y bajó la piedra lustral sin rendirse y se sembró en un surco de profecías irrepetibles.

Pienso que no debería aceptar este desdoblamiento implacable porque toda fragmentación es dolorosa. Pero sucede que el silencio, como si fuera un sanedrín de ancianos sabios, imparte su lección sentado frente a mí.

Ocasiones para la poesía, dijo Borges ¿Solo ocasiones? ¿Solo puerta franqueada a la visita ocasional? ¿Apenas a lo lejos la tierra prometida?

Entonces los llamados poetas por esta lengua de ceniza, son y serán siempre innominados. Balanceándose sobre el abismo y desposeídos entre los mendicantes, están condenados a blindar pecho y destino con el rocío del amanecer.

Desprovistos de identidad, yerran bajo la luna. Por eso son tan escasos entre los muchos que apenas logran dialogar con el eco. Por eso cantan con fervor y abrevan en humildad.

Callan mientras la manada vocifera e inclinados sobre el libro que recoge el milagro, esperan con paciencia el retorno a su centro.