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Viernes, 2 de octubre de 2026

Píldoras para la memoria

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Stella Ramírez Granobles

Por: Stella Ramírez G. 

Hay frases que no envejecen… se desenmascaran.

¿Recuerdan “A Colombia la está matando la pereza”? No es un hallazgo reciente ni una iluminación súbita.

Es una verdad que ha caminado durante décadas por los pasillos del poder, ignorada por quienes hoy pretenden pronunciarla como si acabaran de descubrirla.

Porque decirlo ahora no tiene mérito.

Lo que tiene mérito es haber actuado cuando se tenía el poder para hacerlo y eso lo hizo este gobierno.

Hoy, desde las orillas del Centro Democrático, surge una voz que reclama autoría sobre la reducción de la jornada laboral. “Fuimos nosotros”, dice con una seguridad que no resiste el archivo ni la memoria la candidata Paloma Valencia.

Y entonces la historia, esa que no aplaude sino que recuerda, hace la pregunta incómoda: si fueron ustedes… ¿por qué no lo hicieron una realidad?

Durante más de dos décadas tuvieron mayorías, influencia, micrófonos y poder. Gobernaron con la autoridad suficiente para moldear el rumbo del país.

Pero la jornada laboral no se redujo.

El tiempo del trabajador siguió siendo mercancía disponible, sacrificada en nombre de la productividad, mientras la pobreza —esa que hoy dicen lamentar— seguía creciendo en silencio.

No es descuido.

Es decisión.

Porque -reducir la jornada laboral- no es solo una medida técnica: es una toma de posición.

Es reconocer que la vida del trabajador vale más que su desgaste.

Es admitir que el desarrollo no puede medirse únicamente en cifras, sino también en dignidad.

Y esa conversación, durante años, no les interesó.

Por eso sorprende —o tal vez no— esta súbita vocación reformista. Esta prisa por ponerse la medalla de una conquista que no sembraron.

Esta necesidad de reescribir la historia con frases que suenan bien, pero que llegan tarde.

En política, apropiarse de las victorias ajenas es una forma de impostura.

Pero hay algo que no se puede falsificar: el tiempo.

El tiempo en el que se pudo hacer… y no se hizo.

El tiempo en el que se eligió mirar hacia otro lado.

El tiempo en el que la pobreza seguía matando, mientras el poder guardaba silencio.

Porque la memoria no es un discurso.

Es un espejo.

Y en ese espejo, hay quienes hoy no se reconocen.

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