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Miércoles, 30 de septiembre de 2026

Periodistas víctimas del terremoto que sacudió Colombia

Periodistas víctimas del terremoto que sacudió Colombia 2

Reporteros frente a su propia tragedia / El terremoto del 10 de agosto también golpeó de frente al periodismo colombiano. Reporteros que durante años habían contado tragedias ajenas tuvieron que narrar esta vez su propio miedo, buscar a sus familiares entre los escombros y seguir informando mientras la tierra todavía parecía moverse bajo sus pies.

Hay momentos en los que el periodista deja de observar la tragedia desde la distancia.

Mientras Colombia intentaba comprender la magnitud del terremoto que acababa de sacudir buena parte del país, numerosos periodistas estaban al aire. Otros corrían hacia sus familias. Algunos trataban de abandonar edificios que se estremecían. Y hubo quienes recibieron una noticia que ningún comunicador está preparado para transmitir: esta vez, las víctimas estaban en su propia casa.

Entre esas historias quedaron grabadas dos especialmente dolorosas.

Las de Carlos Andrés Aponte y José Fernando Patiño.

Dos periodistas. Dos familias. Dos padres atrapados bajo los escombros de Cali. Dos hombres acostumbrados a contar las noticias que, de repente, quedaron ubicados en el lugar más difícil de todos: del otro lado de la noticia.

Carlos Andrés Aponte y una carrera contra el tiempo

Carlos Andrés Aponte y una carrera contra el tiempo

 

Carlos Andrés Aponte estaba en Bogotá cuando recibió la información.

Sus padres, Carlos Arturo Aponte y Estela Marín, y su sobrina Iliana Giraldo Aponte, de 11 años, se encontraban dentro del edificio familiar cuando la estructura colapsó durante el terremoto.

A partir de ese momento, regresar a Cali fue una carrera contra el tiempo.

Mientras Aponte intentaba llegar a la ciudad, los rescatistas avanzaban lentamente entre toneladas de concreto, muros fracturados y apartamentos que habían quedado mezclados por la violencia del desplome.

El apartamento familiar estaba en el tercer piso. Pero después del terremoto, los pisos parecían haber perdido cualquier orden. Entre aquel laberinto de concreto, los rescatistas encontraron a Carlos Arturo Aponte y a su nieta Iliana en el baño.

La escena reconstruida posteriormente por la familia es de una fuerza difícil de describir. Cuando comenzó el colapso, el abuelo habría intentado proteger a la niña con su propio cuerpo. “En un acto, yo creo que de amor, tal vez el más fuerte que puede hacer un abuelo, él se acurruca, se agacha, tapa a la niña”, relató Carlos Andrés. Debajo de su abuelo apareció el cuerpo de Iliana.

Tal vez aquel último gesto no pudo derrotar la fuerza del edificio que se desplomaba sobre ellos. Pero dejó intacta otra cosa. El amor.

Carlos Arturo había cumplido años apenas un día antes del terremoto. La familia se había reunido el domingo para celebrarlo y también para acompañar a la pareja en sus 41 años de matrimonio. Como Iliana no tenía clases al día siguiente, decidió quedarse a dormir con sus abuelos. Horas después, aquella casa de celebración se convirtió en ruinas.

Durante tres días, familiares y organismos de socorro conservaron la esperanza. Finalmente fueron recuperados los cuerpos sin vida de Carlos Arturo y de Iliana. Mientras la familia comenzaba a enfrentar esas dos pérdidas, se continuaban los esfuerzos para localizar a Estela Marín.

La tragedia había dejado al periodista sin la distancia profesional que durante años le permitió contar el dolor de otros. Esta vez las preguntas eran suyas. La espera era suya. Los nombres escritos en las noticias pertenecían a su familia.

“Nunca me imaginé estar de este lado de la noticia”

“Nunca me imaginé estar de este lado de la noticia”

A poca distancia de allí, otra historia comenzaba a estremecer al país.

El periodista y presentador José Fernando Patiño también estaba en Bogotá cuando supo que su padre, Darío Patiño Rivera, había quedado atrapado entre los escombros del edificio Torres del Limonar, en el sector de Capri, al sur de Cali.

Patiño estaba en El Dorado tratando de regresar. Y entonces pronunció una frase que resume quizá mejor que cualquier descripción lo que significó este terremoto para muchos periodistas: “Nunca me imaginé estar de este lado de la noticia”.

Su voz ya no era la del presentador que relata serenamente una emergencia. Era la de un hijo. “Mi padre no volvió a contestar, no contesta. Lo que sé es que alguien, alguno de los vecinos, escuchó que mi papá dijo ‘Darío Patiño’”, explicó mientras pedía ayuda desesperadamente desde Bogotá.

Había una posibilidad. Alguien había escuchado una voz. Y mientras exista una voz debajo de los escombros, existe esperanza. “Por favor, se requiere urgentemente a las autoridades para que ayuden a levantar los escombros. Mi papá está vivo”, alcanzó a decir entre lágrimas.

Durante días, Colombia acompañó esa búsqueda. Rescatistas, familiares, voluntarios, vecinos, desconocidos y periodistas esperaron el desenlace. Hasta que llegó la noticia que nadie quería publicar. Darío Patiño Rivera, de 78 años, había muerto.

“Con el corazón destrozado, queremos confirmar que anoche logramos rescatar el cuerpo sin vida de nuestro padre, Darío Patiño Rivera, de entre los escombros”, informó posteriormente José Fernando Patiño.

Después agradeció a quienes estuvieron allí. A los rescatistas. A los voluntarios. A los amigos. A los vecinos. A los desconocidos. A los medios. A todos aquellos que durante aquellas jornadas ayudaron a sostener algo que después de una tragedia resulta tan difícil de conservar: la esperanza.

El periodismo también sintió miedo

 

Pero Aponte y Patiño no fueron los únicos periodistas alcanzados directamente por el terremoto.

Las instalaciones de Red Sonora en Cali, desde donde operan emisoras como La Máxima 89.1 FM y Boom 99.1, sufrieron afectaciones por el movimiento telúrico. Registros divulgados por la propia organización muestran las consecuencias del sismo en su sede. Bladimir Vidal Agrono, también periodista Proclama del Pacífico, se encontraba realizando una transmisión cuando comenzó el movimiento. “Se está estremeciendo muy fuerte el edificio”, alcanzó a decir con voz agitada. Durante unos segundos continuó al aire intentando explicar lo que estaba ocurriendo y pidiendo calma. Cuando comprendió la intensidad del movimiento, abandonó el lugar de manera organizada para ponerse a salvo.

Fue una escena repetida en numerosas emisoras y canales.

Periodistas acostumbrados a narrar terremotos se encontraron esta vez dentro del terremoto. Micrófonos encendidos. Cámaras grabando. Luces balanceándose. Objetos cayendo. Y detrás de las voces profesionales, una sensación humana imposible de ocultar: miedo.

La periodista Jahel Figueroa, residente en Cali, lo describió después con pocas palabras: “Tengo 47 años y nunca había vivido algo así”.

Contó además que después del terremoto quedaron incomunicados, sin agua y sin energía eléctrica, en medio de un caos generalizado.

Desde Quibdó, la periodista de Noticias RCN Rossy Lemos mostró las grietas y daños que el terremoto dejó en su propia vivienda. Su familia estaba a salvo, pero su casa había quedado como testimonio silencioso de la violencia del movimiento.

En Cali también, el periodista Javier Ramírez relató cómo vivió el terremoto desde el piso 11 de un edificio. Había sentido muchos movimientos leves anteriormente. Nunca uno semejante.

Después del sismo, las tuberías del edificio resultaron afectadas y tuvo que pedirle a su esposa que saliera con sus hijos mientras él recogía algunos objetos esenciales. Más tarde hizo un llamado a donar sangre ante la cantidad de personas heridas.

Y en Manizales, el periodista y meteorólogo Luis Felipe Molina, colaborador de la BBC y columnista de La Patria, enfrentó el terremoto desde el piso 17 de un edificio. Sintió la estructura oscilar. Vio objetos caer. Observó edificios balanceándose y personas desesperadas en las calles. “Nunca en mi vida se me va a olvidar esa imagen de ver cómo todo oscilaba”, relató.

Proclama del Pacífico también fue golpeada

La tragedia tampoco pasó de largo por nuestra propia casa. Las instalaciones principales de Proclama del Pacífico, en Santander de Quilichao, norte del Cauca, sufrieron serias averías como consecuencia del terremoto. Afortunadamente, ninguno de nuestros periodistas sufrió lesiones. Quedaron daños materiales. Paredes. Objetos desplazados.

Espacios que durante años habían servido para escribir historias y organizar coberturas convertidos también en evidencia de la emergencia que estábamos relatando. Pero el periódico siguió. La radio siguió. El portal siguió. Las redes siguieron.

Y nuestros periodistas continuaron buscando información, verificando cifras, recorriendo municipios, escuchando a damnificados y dando voz a quienes en medio del desastre necesitaban contar dónde estaban, qué habían perdido y qué ayuda requerían.

No porque el miedo hubiera desaparecido. Sino porque informar también era una forma de servir.

Informar bajo pánico

Hay un heroísmo silencioso en el periodismo que pocas veces aparece en las fotografías. Consiste, no tanto en fingir que no existe miedo, sino en trabajar aun cuando existe. Los periodistas también tienen padres, madres, hijos, casas, familias. También sienten las paredes crujir. También llaman desesperadamente a quienes aman después de un terremoto. También lloran. También esperan frente a los escombros. También reciben llamadas que cambian para siempre una vida.

Y aun así, muchas veces, vuelven a tomar el teléfono, el micrófono o la cámara para contarle al resto del país lo que está pasando.

Quizás esa sea una de las imágenes más poderosas que dejó esta tragedia. No solamente los edificios destruidos. No solamente las carreteras fracturadas. No solamente los equipos de rescate avanzando entre los escombros. También un periodista sentado en un aeropuerto, llorando y pidiendo que encuentren a su padre.

Otro viajando desesperadamente hacia Cali mientras buscan a sus padres y a su sobrina. Un reportero hablando al aire mientras el edificio se sacude. Una periodista mostrando las grietas de su propia casa. Un comunicador evacuando a su familia y luego solicitando donantes de sangre. Un meteorólogo observando desde un piso 17 cómo una ciudad entera parece balancearse frente a sus ojos. Y decenas de periodistas regionales que, aun sintiendo el mismo terremoto, salieron a trabajar.

A Carlos Andrés Aponte, a José Fernando Patiño y a sus familias; a todos los periodistas afectados directamente por el terremoto; a quienes perdieron seres queridos, viviendas o lugares de trabajo; a quienes transmitieron mientras la tierra se estremecía, y a quienes continuaron informando después: nuestra solidaridad, nuestro abrazo y nuestro respeto.

El terremoto también golpeó al periodismo colombiano.

Pero no logró silenciarlo.

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Fuentes:

  • Blu Radio – Mañanas Blu. Testimonio de Carlos Andrés Aponte sobre la muerte de su padre, Carlos Arturo Aponte, y de su sobrina Ileana Giraldo Aponte, de 11 años, así como las labores de búsqueda de su madre, Estela Marín. Publicado el 13 de agosto de 2026.
  • Caracol Radio. Información sobre la recuperación del cuerpo de Darío Patiño Rivera, padre del periodista José Fernando Patiño, entre los escombros del edificio Torres del Limonar en Cali. Publicado el 12 de agosto de 2026.
  • Noticias RCN. Reportes relacionados con los efectos del terremoto y el caso de la periodista Rossy Lemos, quien mostró las afectaciones sufridas por su vivienda en Quibdó.
  • Noticias RCN / reportes oficiales consolidados. Balance de víctimas y daños del terremoto actualizado al 13 de agosto de 2026: 265 fallecidos, 3.494 heridos y 496 desaparecidos, según información atribuida a Asocapitales y la UNGRD.
  • Testimonios públicos de los periodistas afectados, reportes oficiales de organismos de emergencia y archivo de Proclama del Pacífico.

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Nota de la redacción: «Las imágenes que acompañan este artículo son representaciones visuales generadas mediante herramientas de Inteligencia Artificial. No son fotografías reales.