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Lunes, 5 de octubre de 2026
martes 26 junio, 2012 a las 5:13 pm


PENSAR LA SALUD: DEBER URGENTE

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Locombiano

¿Qué es la salud?, – preguntó el colombiano Alejandro Jadad a la OMS* en 2008 y enmudeció la sala llena de médicos, farmaceutas y psiquiatras. Para definir la salud en ese momento nadie tenía a la mano un diccionario ni podía deshacerse en prosa diciendo que es “el completo bienestar físico, mental, social y no solamente la ausencia de enfermedad”. Ese concepto es teórico y no resuelve situaciones como la desesperación que causa un trancón en medio de una avenida para quien tiene casa, carro, buen puesto y no padece ni siquiera de una inocente gripa.

La salud la estamos convirtiendo en una mercancía. La queremos siempre a nuestra medida, como un vestido o unos zapatos. Creemos que la encontramos en la clínica, en el consultorio o la farmacia. Se nos antoja que una pastilla, un menjurje, un emplasto harán de nuestros males lo que no pudieron encontrar los alquimistas.

Hoy los medios, la ley y las EPS nos han hecho el gran mal de volver la salud un galimatías. Salud es igual a citas, fórmulas, filas en cada ventana, al madrugón, a esperar que nos llame la médica recién salida de la universidad y que nos diga sin convencimiento que un cartón de pastas genéricas será la solución de nuestra actitud derrotista. Hemos convertido nuestro cuerpo en un depósito de fármacos.

Esta sociedad consumista y con vías malvadas, sin horarios de buses, sin paraderos fijos, de comidas rápidas que engordan más rápido y producen gases más que los carros, han logrado crear en nuestro inconciente la sensación de que nos falta tiempo, que no podemos hacer bien lo que nos toca, que las fuerzas fallan, que la memoria se esconde, que nuestro organismo es débil y enfermizo. Todo nos cansa sin casi hacer ejercicio. El tiempo corre, los hijos crecen y la plata no alcanza para tanta cosa. Ahhh. Qué cansancio éste… Nos cogió la tos y la gripa y el alzheimer o quién sabe si es el estrés por qué duele la espalda.

En la escuela, en el colegio no se educa para buenos hábitos en las comidas, mantener la agilidad del cuerpo, o estar preparados para las emergencias, tumultos, trancones o aprovechar los fines de semana para salir de la ciudad o realizar una caminata por el parque. Los padres no ingenian actividades recreativas con los hijos ni enseñan a pensar positivamente del cuerpo, a descansar y dormir con juicio. Eso sería prevenir las enfermedades sin aludir a ellas, como sí lo hacen las secciones de “enfermedad” en los noticieros.  

La salud no está fuera de cada uno de nosotros. Está en nuestra mente y depende de la actitud diaria, desde que nos levantamos hasta que nos tendemos con o sin piyama por la noche. No está en la EPS ni en manos del ortopedista ni del matasanos con su computador y su blackberry. Esos son inventos de la mercadotecnia y de la publicidad pagada de los laboratorios y sus marcas.

La ataraxia, la suma tranquilidad, la consciencia de estar obrando bien, el trabajo honesto, la lectura, el ocio planeado, sentarse bien y andar a pie junto al ser querido, son las medicinas perfectas para mantener en su punto a las neuronas y demás células del cuerpo.

20-06-12 – 10:42 a.m.

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