Pena de muerte para asesinos y corruptos


El exprimer ministro chino, Wen Jiabao, invitó a los países en desarrollo a forjar reformas sustanciales a la justicia en materia de punibilidad. La China sustenta su crecimiento en diez estrategias, una de ellas: la pena de muerte para criminales peligrosos y políticos corruptos.
El líder, víctima de su propio invento, según un periódico de Hong Kong, hace seis días, fue acusado de tener un patrimonio familiar no justificado, superior a 4.200 millones de dólares, aunque el periódico no lo implica directamente, deja al descubierto intereses familiares poco trasparentes en bancos, joyerías, turismo, compañías de telecomunicaciones y proyectos de infraestructura.
El líder propuso al Brasil, Colombia, Chile, India y otros países en fase de crecimiento, copiar del modelo chino cambios profundos en administración de justicia. Como punto principal, la eliminación de criminales peligrosos, mediante la pena de muerte, medida extrema que infundirá temor al resto de delincuentes. Esto, según el político chino, se reflejará en la moral de la sociedad, por la reducción drástica del gasto público en materia de seguridad y sistema carcelario para invertirlos en educación, empleo y tecnología.
Según el líder chino, “una justicia endeble, incrementa los índices de criminalidad y los niveles de delincuencia, más grave si se parcializa, politiza y no alcanza buenos indicadores de oportunidad y eficiencia, obligando a cambios drásticos, como lo hizo China en los últimos 20 años. El Estado dejó de lado la doble moral y abordó el tema sin divagaciones, ya que los criminales no pueden ser tratados como celebridades, los reincidentes han tenido su oportunidad de cambiar y no lo hacen, por lo tanto, no merecen eternizar la oportunidad de resocialización; ninguna sociedad honesta y trabajadora merece vivir con tanta impunidad y miedo”.
En Colombia se aplicó de facto la pena de muerte a Pablo Escobar Gaviria y Gonzalo Rodríguez Gacha. La aplican sumariamente los grupos subversivos, las bandas criminales (Bacrim), integradas por pistoleros sin Dios ni ley, rescoldo de los carteles de la droga o grupos de autodefensas, fragmentados de organizaciones con preeminencia jerárquica, hoy encabezados por Rubiel Medina Cardona, alias el ‘Mono Amalfi’, jefe de la banda ‘Los Rastrojos’, capturado y rescatado a tiros en un centro médico. David Usuga, desmovilizado del Bloque Calima de las AUC, quien comanda el negocio del narcotráfico, causando centenas de asesinatos selectivos y múltiples en la región de Urabá y zona costeras de Córdoba. Su banda es conocida como ‘Los Urabeños’. Esto sin mencionar otras cuantas bandas criminales que operarán como disidentes del acuerdo de Paz en La Habana.
En China la corrupción se castiga con pena de muerte y, por supuesto, el retorno inmediato de los valores apropiados. En Colombia, los delincuentes de cuello blanco se aguantan el carcelazo en palacetes, quizá en condena domiciliaria y en el peor de los casos en centros de reclusión especiales; se someten a sentencia anticipada, colaboran con la justicia y con el derecho a las rebajas y a los subrogados penales, en menos de seis años quedan libres para derrochar sus fortunas y como usan testaferros para falsear sus riquezas, nunca se recupera el detrimento patrimonial sufrido por el Estado.
La pena de muerte en manos de una administración de justicia corrupta e ineficiente, es más perversa que la propia criminalidad. Muchos condenados morirían bajo el influjo de la infame calumnia aniquilados por un Estado tiránico y abyecto. “Resulta mejor perdonar a un culpable que condenar a un inocente”.



