¡PÁGUELES!


Terminó el mes de abril y el reajuste salarial a que tienen derecho los soldados y los policías y todos los funcionarios dependientes de la administración pública nacional, no se ha pagado. Como este es un país de resignados, donde todos se dejan hacer lo que el gobernante quiera. Como aquí da lo mismo que emitan o no billetes nuevos por miles de millones sin recoger los viejos, así la inflación se haya ido “extrañamente” a las nubes. En fin como aquí si la policía y el ejército, los del CTI o los fiscales, los jueces o los empleados de los ministerios protestan por el desprecio económico al que están sometidos, al día siguiente les abren proceso por rebelión o disciplinario por mal comportamiento, nadie dice nada y todos terminan por comer callados.
Cada día entendemos más que este es un país subsidiado, y que todos los problemas se arreglan entregando a la incipiente y famélica producción agrícola subsidios para que puedan competir con los bienes baratos importados. Pero también diariamente encontramos más disculpas para que la tentación de la corrupción toque las puertas de los empleados públicos. Y esta, la de menospreciarlos, la de no cumplirles la norma que obliga a reajustarles el salario mensual (como ya todos los privados hicieron con sus empleados), es una provocación innecesaria.
Sin embargo, como quien decide si se paga o no es el ministro de Hacienda, el mismo de Dragacol y de Reficar y él tiene caparazón de tortuga ecuatoriana y como al presidente de la nación poco o nada le interesa enterarse que sus soldados y policías se quedaron sin el aumento, porque está solamente afanado viendo como les cumplen a las Farc, aquí no pasará nada.
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