
El Teniente Gerson Andrés Cortés Avirama de 27 años, fue uno de los 17 tripulantes que falleció cuando un helicóptero militar chocó contra una montaña en selvas de Pensilvania, Caldas, el pasado domingo. Lea su historia a continuación.

El pasado domingo, era una jornada rutinaria para don Diego Fernando Cortés quien se encontraba adelantando vueltas naturales de su profesión como maestro de obra civil. Entre tanto, los titulares de los medios de comunicación nacional, pasadas las 2 de la tarde del domingo anterior, informaban la desaparición de un helicóptero militar MI-17 de fabricación rusa y de matrícula EJC 3393, que movilizaba 17 uniformados del Ejército Nacional y venía de cumplir una misión contra el Eln en montañas del Chocó.

Ese domingo Cristian llamó a su padre, (Diego Fernando) para explicarle que su hermano, Gerson Andrés Cortés Avirama, iba en la aeronave que habitantes de la vereda las Guacas, municipio de Pensilvania, Caldas, vieron volar bajito y tiempo después generó un estruendo extraño.
El lunes a primera hora, don Diego se comunicó con su tercer hijo, el sargento Diego Fernando Cortés Avirama, para tratar de entender lo que sucedía.
El padre angustiado comprendió la magnitud de la tragedia cuando a su celular lo llamaron para confirmar la visita a su lugar de residencia en el barrio Junín en Popayán, de una comisión integrada por un coronel, un capitán, un teniente y una psicóloga. No obstante, hasta último momento guardó la esperanza de que su hijo hubiera saltado antes del helicóptero.

Desde los 15 años, Gerson Andrés Cortés Avirama supo que su lugar estaba en las Fuerzas Armadas. En esa época hacía parte de Los Amigos de Ejército, y se la pasaba marchando, al lado de los soldados profesionales, cuando aún el uniforme le quedaba grande.
La conexión entre Gerson Andrés y su padre viene desde la misma fecha en que nació, hace 27 años, en el departamento del Putumayo. La partera contratada había salido minutos antes del lugar y el inquieto niño decidió adelantarse y poner en aprietos a sus padres. Doña Ángela María lanzó un grito de desespero. Su esposo luego de pasar saliva, se puso al frente del parto. Entonces cuadró una estera, se lavó las manos y de rodillas, recibió en brazos, al segundo hijo de la familia.
La metáfora de unión entre padre e hijo, materializada en el instante en que don Diego cortó el cordón umbilical del pequeño, se rompió el pasado domingo 26 de junio, cuando el helicóptero militar MI-17 se chocó contra una gran montaña, en el sector del corregimiento de San Daniel, vereda Santa Teresa, jurisdicción del municipio de Pensilvania, Caldas, dejando sin vida a toda la tripulación.

El cuerpo del teniente Gerson Andrés Cortés Avirama llegó al aeropuerto Guillermo Valencia de Popayán junto con el cuerpo del soldado profesional Jesús Eduardo González Fernández, quien también pereció en el siniestro. Gerson Andrés deja una esposa en estado de embarazo y a una familia conformada además por Ángela María Avirama (madre) y los hermanos Cristian y Diego Fernando Cortés Avirama. El último, sargento de las Fuerzas Militares desde hace 13 años.
Sus amigos de barrio lo recuerdan como ‘Potes, el Loco’, sobrenombre que puso su padre pues de bebé era muy gordo, le salía papada, parecía una “bola de carne” con ojos. Los compañeros de armada siempre le envidiaron sus atributos físicos. Era un hombre bien parecido, cuerpo atlético de piernas largas y torneadas, ojos claros, sonrisa coqueta y mirada picarona. Cuando había sección de fotografías siempre enviaban al “mono” para que posara ante las cámaras.
Las honras fúnebres se cumplieron en la capital del Cauca. Don Diego, quien se mostró tranquilo ante la repentina partida de su hijo consentido, solo lamenta que no se haya cumplido la petición de sus oraciones: verlo lucir el uniforme como general de la República y que él (así como sus demás hijos), asistieran a su entierro.
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Así recuerda don Diego a su hijo fallecido: