Oremos por los Sacerdotes
El Jueves Santo es la fiesta de la institución del sacerdocio, y los caucanos católicos debemos compartir animadamente y felicitar a los sacerdotes de nuestra Diócesis.
Pocas veces en la historia de la Iglesia, los sacerdotes, hombres que han sido constituidos por Dios para ser «otro Cristo», trayendo la vida divina a las almas, por medio de la Eucaristía, la confesión y los demás sacramentos, se han visto sometidos a tantas agresiones, y a tentaciones que intentan separarles de la excelsa misión para la que el Señor les ha llamado.
El ataque que están sufriendo por parte de los enemigos de la Iglesia, es sistemático, y ciertamente, ellos no están exentos de las flaquezas humanas, por lo que necesitan del auxilio del Espíritu Santo para ser fieles cada día.
Por esta razón, queremos invitar a todos los caucanos para que encomienden a sus sacerdotes en sus rogativas de Semana Santa encomendándolos muy especialmente en la oración del Jueves Santo y ofreciendo sacrificios para que Jesucristo les conceda fortaleza y el don de la perseverancia en su misión redentora.
La humilde exhortación desde estas páginas de PROCLAMA es para que rodemos de afecto y cariño a nuestros sacerdotes en sus labores parroquiales y evangelizadoras.
No olvidemos que el ministerio sacerdotal tiende inseparablemente a la gloria de Dios y al bien de las almas: los presbíteros, ya se entreguen a la oración y a la adoración, ya prediquen la palabra, ya ofrezcan el sacrificio eucarístico, ya administren los demás sacramentos, ya se dediquen a otros ministerios para el bien de los hombres, contribuyen a un tiempo al incremento de la gloria de Dios y al progreso de los hombres en la vida divina.
El sacerdocio no es una “carrera” o una “profesión”, sino una “vocación” de amor a los demás que permite comprender el celibato.
El clero caucano de hoy y de cualquiera otra Arquidiócesis, tiene que estar atento a no adoptar la visión secularizada del sacerdocio como una «profesión», una «carrera» o un medio para ganarse la vida. Más bien, el clero debe ver el sacerdocio como una vocación a la entrega de sí mismo, al servicio de amor, abrazando con entusiasmo el amado don del celibato y todo lo que implica.
Por ello hay que orar incesantemente por nuestros sacerdotes para que sigan siendo ministros que luchen gozosamente por ser fieles al Señor y por servir a su rebaño. Y también por quienes estamos en el proceso para prepararnos en los seminarios a ser algún día unos sacerdotes buenos y santos.
Oremos en esta Semana Santa por los Sacerdotes que siempre están al servicio de todos los hombres, porque sus acciones no tienen por límite sus propias y pobres capacidades de obrar, sino que se inscriben en la acción de Dios que obra a través de toda la humanidad y de todos los pueblos que ha unido a la Iglesia.




