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Sábado, 3 de octubre de 2026
miércoles 5 marzo, 2014 a las 11:46 pm

OCHO DE MARZO

avanti popolo

PAUL DISNARD
PAUL DISNARD

Levantábamos papelotes de colores brillantes en la Isla del Gallo. El viento y las mareas con la paciencia constante de los siglos, horadando la roca, construyeron un arco magistral que muchos años después recordé visitando en París la tumba de Napoleón.

El mar era una pizarra gris parecida a las manchas verdosas que deja el musgo en las paredes de los barrancos. Papá nos daba clase de historia, trazó sobre la arena una raya con un palo que esgrimía a manera de un sable. Con voz teatral exclamó: los que salten esta raya irán conmigo por la gloria y la riqueza. Eran trece los náufragos que esperaban el paso de alguna nave española que los recogiera en su camino hacia el Perú. Lo recordé en París una tarde de agosto cuando estudiantes capitaneados por una bella adolescente gritaban unánime y a voz en cuello consignas contra la guerra en el Vietnam. Como un relámpago me vino a la memoria las pinturas que retratan la derrota de Napoléon en Rusia, el corso sólo encontró a Moscú en llamas, pero a esas imágenes se añaden otras dos que me recuerdan el valeroso papel de las mujeres en su lucha por la defensa de sus derechos y su participación equitativa en el desarrollo y prosperidad de los pueblos. Frederic Auguste Bartholdi concibió y dio estructura a la imagen de la libertad que se levanta frente al puerto de Nueva York, como un símbolo de la mujer moderna que comparte por igual con el hombre su destino y sus derechos, a semejanza de aquella otra vigorosa y dramática estampa de Eugene Delacroix cuando encarna la libertad en una hermosa mujer obrera que guía a sus compañeros proletarios a la toma de la Bastilla.

Fueron mujeres del pueblo, cocineras, costureras, obreras a destajo, madres y esposas que al lado de sus hombres combatieron en las barricadas, así lo hicieron años más tarde durante la ocupación nazi a Francia: obreras, rufianes. prostitutas, ladrones, forajidos, todo el bajo mundo de París organizó la resistencia como una demostración de patriotismo y lealtad que no tuvieron sus compatriotas de la burguesía, los empresarios e industriales, la elite que colaboró con el invasor, traicionó a las republicanos españoles y a los miembros de las brigadas internacionales asilados en Francia al caer la república, los entregaron a la gestapo conjuntamente con gitanos, judíos y eslavos que, como Espartaco, el tracio de las llanuras de Serbia, se mantuvieron firmes aun en las calderas donde todos ellos fueron inmolados. Así vino caminando hasta mediados del siglo XIX cuando surge la clase trabajadora que se enfrenta a los especuladores y parásitos de la sociedad moderna.

avanti popolo

Surge el socialismo, un judío hace el análisis del capitalismo y de la clase ociosa, se redacta el manifiesto del movimiento obrero que empieza a circular por Europa como una guillotina buscando las cabezas de sus verdugos. Otra vez las mujeres se hacen presentes. Rosa Luxemburgo y Klara Zetkin escriben, fundan periódicos, distribuyen volantes, participan valiente y activamente en mítines locales y conferencias internacionales, enarbolan la bandera del socialismo, ¡avanti popolo!, de las reivindicaciones sociales, de la mujer como epicentro del progreso, como Madre y gestora de la Humanidad y piden, exigen, que cada ocho de marzo se le rinda justo reconocimiento y homenaje. Este día empezó a celebrarse independientemente en algunos países y círculos políticos como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, hasta aquel trágico ocho de marzo de 1909 cuando 129 obreras y mujeres inmigrantes se declararon en huelga en la fabrica de camisas de Nueva York, el propietario, precursor del capitalismo moderno norteamericano siguiendo la tradición de sus antecesores mercaderes de esclavos, cerró las puertas de los talleres y les prendió fuego, esa fecha que con tanta euforia celebran las boquitas pintadas y rostros femeninos cubiertos de afeites no podía ser olvidado ni ignorado, finalmente la ONU le dio patente. Rosa Luxemburgo fue golpeada hasta la muerte por un soldado con la culata de su fusil, Klara Zetkin murió exiliada en Moscú. Ese ocho de marzo está dedicado a ellas y a todas las mujeres que, como aquella del cuadro de Eugene Delacroix, enarbolan la bandera de la libertad y van al frente de quienes a pecho descubierto y con los puños en alto reclaman y defienden su dignidad y sus derechos.

  • Paul Disnard
  • Marzo 6 del 2014

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