No vamos a tirar la toalla


No vamos a tirar la toalla

Y se nos fue Piedad… Hay gente tan enorme, tan enorme, que no les cabe su corazón en este mundo.
Siempre de pie, enfrentó a personajes en verdad escalofriantes durante el uribato. Su espíritu indomable y su firmeza le otorgaron el coraje necesario para decirle en la cara a castaño, su secuestrador, “Usted es un matón y no le tengo miedo.”
Se involucró a fondo. Soñó con un país bonito. Luchó, luchó y luchó. Lloró a tantos seres eternos que fueron masacrados por la crueldad genocida, hasta que un día implosionó. Sí, cuando el pueblo la dejó sola. No cupo en su alma generosa tanta indolencia de ese mismo pueblo por el que arriesgó el pellejo en incontables ocasiones. Se extravió en su propia dignidad y alegría para no verse obligada a aceptar que esta sociedad está demasiado rota. Porque sí, nos rompieron el alma, y en tantos pedazos que muchos y muchas aún no aparecen. Ella prefirió seguir creyendo y desconectó su mente de esta realidad ominosa para navegar en un horizonte humano y hermoso, tal como lo dibujaron sus esperanzas. Y finalmente su cuerpo hizo lo mismo, se desconectó de esta realidad.
Porque hay criaturas tan únicas en este mundo que elaboran en su interior toneladas de sueños. Ese es su poder y su condena. Pero hay en ellas algo mágico; algo que el enemigo cruel nunca comprenderá. Y es que al liberarse de su cuerpo sus sueños se esparcen por el aire, inundándolo todo, redimiendo a las almas que resisten, e intoxicando a las que no tienen ya remedio.
Los medios basura cumplieron su cometido. Con denuedo avanzaron en su ejercicio sistemático de sicariato moral, logrando convertir a la Luchadora de la Paz en la peor de las proscritas que han surgido del averno. Pero es que el pueblo les creyó, y con desdén, la sepultaron en un manto de desprecio.
Nos demostró que no importa cuánto nos mancillen: hay que seguir luchando. No hay ejemplo más diáfano que el que nos ofreció.
A ella se le escuchaba a menudo una frase. Una que se incrustó en lo más profundo de los anhelos de este pueblo que lucha por la emancipación definitiva:
No vamos a tirar la toalla.



