Y NO HA CESADO LA HORRIBLE NOCHE


“EL PACIFICO TIENE QUE ENTENDER QUE COLOMBIA NO EMPIEZA EN EL CHOCÓ NI TERMINA EN NARIÑO, PESE AL AMBIENTE DE PAZ QUE SE RESPIRA AHORA, ANTE UN POSIBLE SEGUNDO PLEBISCITO LOS DEFENSORES DEL PROCESO TIENEN QUE HACERSE SENTIR CON MAS VEHEMENCIA”.
Quedó demostrado que el delirio de persecución del que sufre la oposición que casi siempre en vísperas de elecciones denuncia fraudes tal como sucedió con la elección de la Asamblea Venezolana y ahora con el plebiscito en Colombia, tiene muy poco asidero, muy por fuera de los pronósticos incluso del mismo uribismo que ya se preparaba para enfrentarse a los cambios producto de la refrendación de los acuerdos Farc, Gobierno Colombiano, el país se mostró reticente a estas negociaciones, muchos aleluyosos no hicieron la tarea y mientras que los que supuestamente iban a ser derrotados cumplieron su cita con las urnas, quizá confiados en el ambiente triunfalista de sus regiones los del sí, se quedaron tranquilos, el resultado no era para menos, quedó en evidencia la polarización que tiene el país, no existe otra explicación para que mientras que en Bojayá que pasó a la historia por haber vivido la barbarie de una de las masacres más terribles de Colombia, el 96% de los electores hayan votado a favor de los acuerdos, en Bogotá que tenía un 20% del censo electoral de todo el país, la estrecha victoria del sí fue de 14 puntos porcentuales, pero en Antioquia que tenía un 15% del censo electoral del país el resultado en contra de los acuerdos casi que se duplicó, convirtiéndose esto en un común denominador entre las poblaciones golpeadas por el conflicto armado, donde mayoritariamente la gente respaldó estos diálogos, muy al contrario de las grandes ciudades especialmente del Eje Cafetero donde se impuso la tendencia uribista y en algunos casos pastranista como podría ser el caso del Norte del Valle del Cauca.
Las grandes metrópolis siguen imponiéndose frente a las poblaciones más alejadas, mostrándonos esto como una democracia imperfecta, bien la calificaba Platón como el segundo modelo de gobierno más perverso, después de la tiranía, ¿cómo se les explica a los municipios como Toribío que ha sufrido el mayor número de hostigamientos de las Farc en la historia del conflicto con este grupo guerrillero, que hoy la posibilidad de finalizar esa guerra está en el limbo jurídico por cuenta de que mientras que ellos que han sufrido en carne propia los vejámenes de la guerra salieron mayoritariamente a votar a favor de los acuerdos (84% si, 15% no), en Medellín donde quizá poco conocen de esta guerra el 63% de los electores dijeron no?

Casi que de inmediato a conocerse los resultados; por las mentes de quienes hemos sido testigos directos o indirectos de la barbaridad de la guerra, empezaron a rezumbar los sonidos de los tatucos, los disparos de fusiles y las metrallas atemorizando a los habitantes de poblaciones del Norte del Cauca o del Pacifico Colombiano donde hasta hace un año, por cuenta de los atentados terroristas tuvieron que pasar hasta casi un mes sin energía, como fueron los casos de Buenaventura y Tumaco que ante la suspensión del cese de hostilidades de las Farc, volvió después de varios meses a vivir el horror de la guerra.
A ese triste episodio es al que no debe volver Colombia y aunque las Farc aceptaron la renegociación y el presidente Santos en un caso paradójico y que casi nos dejó en vergüenza ante la Comunidad Internacional ganó el Nobel de Paz, resultando esto como un claro respaldo del exterior a los diálogos y una crítica a los que votaron por él no, no me cabe duda de que si no se dirime el conflicto jurídico que generó la no aprobación de los acuerdos en el plebiscito, no habría otra salida para los 7000 guerrilleros que esperaban los resultados de esta votación para empezarse a trasladar a las zonas veredales de normalización donde iniciarían su proceso de reincorporación a la vida civil que retomar la guerra.
El tema no es tan apocalíptico como lo sintieron en un inicio los defensores del Sí, ni tan definitivo como pensaron los del No, era de esperarse que ante el resultado afloraran alternativas jurídicas de la talla de una constituyente o una comisión permanente, e incluso la realización de un segundo plebiscito, que con una técnica jurídica más determinante, saque adelante unos acuerdos que a mi juicio tienen un contenido con el que el país hace rato está en deuda, temas como los de la formalización y acceso a la tierra, la ampliación de participación en el congreso de las poblaciones más apartadas del país; por mencionar algunos puntos, es un deber democrático que para la muestra de un botón con el resultado del plebiscito, se debe implementar lo antes posible.
Le queda a uno la preocupación de que las propuestas expuestas hasta ahora por el expresidente Uribe no tienen nada de novedoso, eso de que haya amnistía para los guerrilleros o que se debe mantener el cese bilateral, me suena como a que no quiero limonada, sino un vaso de agua, con limón y azúcar, sin embargo si pienso que es la oportunidad para ampliar el debate ya que un tema tan trascendental por las modificaciones de fondo y forma que tendrá nuestra constitución, merece ser refrendado a través de un mecanismo de mayor obligatoriedad, considero que es el momento para pensar en la constituyente y así el debate obligaría de mayor forma a las diferentes partes, el sentimiento de que no se puede volver a la guerra que cercó al país por tantos años es unánime y poco a poco Colombia lo ha ido entendiendo, hoy la opinión internacional nos ve como un país que le dijo no a unos acuerdos que pretenden poner fin al conflicto, y el reto que tenemos es mostrarnos como un país capaz de hacer el transito más razonable de 52 años de conflicto a una nueva historia de paz, para justificar de alguna manera que los más de cuatro años de guerra por la paz en los que nos hemos enfrentado, valgan la pena.



