NO DOLIÓ IGUAL



Este país no aprende. Los que ponen las bombas para asustarnos, tanto como los que nos sentimos amedrentados, terminamos aceptando que la muerte es una herramienta de vida. Hemos hecho nuestra república sobre las cruces de los cementerios aunque las cubrimos con los armisticios y los acuerdos de paz. Pero lo que no puede pasar desapercibido es que para el Emperador 8 muertos anónimos de los astilleros de Cartagena no son igual de dolorosos y de traumáticos que la pobre francesa y las mujeres que hallaron la muerte en el baño del Andino. Los que murieron cuando simultáneamente estallaron las barcazas en los dos astilleros distantes son tan víctimas del terror como las mujeres que volaron en Bogotá.
Y es ante sus cadáveres que debemos analizar la concatenación de los episodios y pensar que para los enemigos de la paz será muy fácil deducir de ahora en adelante que al Emperador y a su séquito les dolió más la bomba misógina, puesta en el baño de las mujeres del Andino, que las muy significativas de los astilleros.
A los que las ponen aquí y allá no solo hay que rechazarlos por igual. Hay que develarlos encargando al vicepresidente, curtido en inteligencia policial, y no al equivocado y regañado General Nieto para que los descubra. Hay que pensar no que macabramente el destino ayudó a convertir lo del Andino en una ofensa a la imagen internacional del mandatario. Hay que hurgar a quienes favorece victimizar al Emperador y destruirle su proyecto de paz. El silencio protegió a los 4 millones de turistas extranjeros que llegan anualmente a la ciudad amurallada de Cartagena. La recia actitud imperial ante la francesa vilmente acribillada en el Andino hizo ver al mundo que los enemigos de la paz son más peligrosos que los que vociferan contra ella.
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