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Niza y el islamismo radical

Niza y el islamismo radical
Felipe Solarte Nates
Por: Felipe Solarte Nates

La política imperial desarrollada desde hace siglos por las potencias europeas y norteamericana se les devolvió, como cuando se escupe para el cielo, revestida de una interpretación fundamentalista de la religión musulmana, agenciada por sectores radicales, muy similar a la que impulsaron desde tiempos de ‘Las Cruzadas’ los caballeros franceses, teutones, ingleses y actuales italianos, que a punta de espada y lanza, fueron a saquear los tesoros de la antigua Constantinopla, Egipto y países del medio oriente, con el pretexto de “rescatar los lugares sagrados, la cruz de Cristo y otras reliquias de manos de los infieles”.

Son capas de odios y abusos acumuladas desde siglos, que en el siglo XIX, pero con armas de fuego, tuvieron otra fase de conquista, cuando Napoleón, a nombre de la Libertad, Fraternidad e Igualdad, de la Revolución Francesa, incursionó en Egipto de donde se trajo la piedra de Rosetta y numerosos tesoros y colonizó El Líbano y otros países vecinos, de la misma forma que lo hizo con el África y gran parte del Asia la Inglaterra de la revolución industrial, cuando después de derrotar a España se convirtió en el país más poderoso del mundo y ya en el siglo XX, cuando los motores de gasolina reemplazaron a los de vapor, sobre una mesa y a punta de compás y tiralíneas, acordó con Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y otros países, trazar arbitrarios mapas sobre territorios ancestrales de divididas tribus del medio oriente, para repartirse los mares de petróleo sepultados bajo las arenas del desierto.

Son karmas escondidos que en el momento y lugar menos esperado cobran el pasado de malos tratos, y buscan liberarse, esta vez no sustentados en ideologías marxistas, como sucedió después de la Segunda Guerra Mundial cuando floreció la descolonización de la India, Afganistán, el medio oriente y toda África y las potencias occidentales para purgar los horrores del nazismo, les enclavaron el Estado de Israel, desacomodando a los palestinos e incomodando a Siria, Irán, Egipto y demás vecinos de mayorías musulmanas, lo que generó guerras como la de los “Siete Días” en junio de 1967, la del “Yon Kippur” en septiembre de 1973, ambas ganadas por los israelitas apoyados con modernas armas norteamericanas.

Son las retornadas atrocidades de la guerra, que en cantidades industriales y en medio de ríos de sangre y despojos, les administraron a los países colonizados, cuyos descendientes, hoy ciudadanos de segunda en las antiguas potencias coloniales, fácilmente caen en manos de dirigentes con una interpretación radical del Islam, como sucedió en París, Bruselas, Estambul, Niza y como puede suceder en cualquier ciudad europea y norteamericana y en los países que directamente han enviado tropas a las guerras en Afganistán, Irak, Libia y Siria y donde sus habitantes y turistas experimentan una zozobra similar a la que vivimos los colombianos cuando Pablo Escobar estaba en el apogeo de su guerra de carros bomba contra la extradición.

En el caso del Estado Islámico, que se atribuye los recientes atentados, la situación es más compleja para occidente, pues se cruzan los intereses ocultos del Pentágono, varios países europeos y sus traficantes de armas, en su lucha contra Rusia, la influencia China y principalmente con el fortalecimiento del ‘salafismo’ una tendencia fundamentalista del islamismo sunita, muy arraigada en Arabia Saudita y emiratos vecinos y agenciada por un sector de los multimillonarios jeques petroleros de esos países, hasta hace poco incondicionales aliados de los Estados Unidos en la región; pero que parecen soñar con la instauración de un gran califato que borre las fronteras de Irak, Irán (Chiita), Siria, y todos los países musulmanes existentes y de paso continúe en ‘la guerra contra los infieles’, para someterlos al credo del Islam, de igual manera que los españoles lo hicieron a nombre del catolicismo con los pueblos indígenas de América.

Obama quiso reversar la inútil política intervencionista impulsada por los Bush (padre e hijo) en Kuwait, Afganistán, Libia, retirando a las tropas que en gran número repetían la traumática y sicopática historia de los soldados que estuvieron en el infierno del Vietnam y retornaban locos e incomprendidos a ejecutar matanzas como la reciente de policías; pero no es fácil sacar el cuerpo de las arenas movedizas cuando se ha metido hasta el cuello. Por lo pronto los Estados Unidos están en el dilema de desenmascarar a los ricos jeques que financian el Estado Islámico y dejar de considerar a los saudíes como sus socios a los que junto con Israel les suministran los aviones y armas de superior tecnología.

Son las tragicómicas vueltas que da la historia y la vida y nos recuerdan que aún vivimos en épocas de bárbaras naciones, así el hombre haya salido a explorar otros planetas, mientras acaba con el que habitamos, y continuemos empantallados y jorobados a punta de Facebook e Internet.

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