NAVIDAD CON AGUA Y CALOR


Loco-mbiano
LUZ, ROJO Y VERDE
Villancico en el alma
luces en la sala,
verde que alegra
rojo que se enciende
tradición de abuelos
regalos de niños
navidad de siempre
dulce y buñuelos
descansa
un abrazo
bajo la barbilla
y una palmadita
saluda al pulmón
muchos besos
vienen
la visita vuelve
y ya
nos vamos
con el corazón de nieve
todo hay que gozarlo
porque los pastores
dejan el pesebre
y comienza afuera el frío
que nos trae la muerte.
Vuelve la época que vivieron nuestros tatarabuelos, abuelas y padres y que la costumbre patriarcal sembró en cocinas, salas con mesa de centro, comedores de ocho puestos y debajo de las almohadas. Y, por supuesto, en la sala, un lugar se dejaba libre para instalar el pesebre que semejaba la chocita donde dice la historia que nació Jesús en Nazareth, Judea.
De niños creímos a pie juntillas que el niño dios, bajaba y ponía debajo de la almohada en la noche un regalo. Nunca dudé, hasta cierto tiempo después, que ese niño de yeso recostado en el pesebre, con cara limpia y sonrosada, venía de puntillas y dejaba los bombones y juguetes. Ni siquiera se me ocurrió de dónde sacaría la plata para comprar o por qué no venía de día. Ni comparaba los regalos que recibían otros niños con los míos.
Mis padres no eran carboneros, pero yo tenía la fe en la palabra de los mayores. Después me di cuenta que mi tía Otilia era el niñodios más espléndido.
Tengo recuerdos muy gratos de mi niñez en Villa Gómez, Bogotá, Tabio y en Chía, con la entrada de la estatua en Colombia y árboles de cerezo, un poco alejada del Puente del Común. Allí serví de ángel navideño, con alas y un vestido de crepé que se deshizo entre mis piernas una noche que lloviznó durante la procesión de pueblo.
Los carritos, las chupetas, caballitos de madera, los caramelos transparentes, el arequipe, buñuelos y natilla y la ida a la iglesia a rezar la novena eran costumbre inveterada. Hoy continúa esa tradición en casi todas sus partes. Aún los niños de familias tradicionales continúan esperando la media noche para que aparezcan debajo de la cama o detrás de la puerta sus regalos.
Continúan sonando, no con la misma frecuencia, los villancicos de la nanita nana, de los zagales y pastores que nos dejaron los colonizadores españoles. Venden en pastelerías las tortas de pastores y han aparecido los panetones enormes para regalar a nuestros empleados y empleadas. La cena de Navidad no puede faltar. Es la actividad más esencial de estas festividades.
La reunión de la familia para la noche del 24 es el evento más importante del año. Los padres esperan a sus hijos, la esposa a su esposo. Unos llegan de otra ciudad o del exterior y el encuentro hace toda la fiesta. Las calles quedan vacías a esa hora de la cena, cuando es la media noche. Todos corren, como lo hacen también el 31 de diciembre. Se ha formado la traición de cumplir a esta cita social con tono religioso.
Vuelven a nuestros labios los versos de José Asunción Silva: La Nochebuena se viene, la nochebuena se va… y nosotros nos iremos y no volveremos más. En la cena de esta noche aparecerán los buñuelos, el pavo, la natilla, el arequipe o el manjarblanco, las risas y los abrazos y también el des-amargado de las lágrimas y los suspiros… Los abuelos, padres, hijos y primos, tal vez, partirán una torta y se cantarán trozos de villancicos.
Pasará la medianoche, se elevarán unos pocos cohetes, ya no habrá triquitraques ni buscaniguas y se apagarán el ruido, las bocinas y carreras. Nos dormiremos y soñaremos con rondas infantiles, con gorros rojos de papá Noel, una cara de ángel y una colombina de papel crepé.
24-12-13 7:45 a.m.




