Muerto Chávez, nace el Chavismo

Por: Luis Barrera
Vivir es ir muriendo y nacer es empezar a morir. Muchas personas tienen poder, pero pocos tienen poder para llegar a las personas, al pueblo, a la comunidad que los ven crecer políticamente, esos son los verdaderos líderes. Hugo Rafael Chávez Frías, no cabe duda, era un líder excepcional, y lo seguirá siendo en la mente de los venezolanos.
No podíamos sin embargo dar cuenta cabalmente de su liderazgo solamente desde el prisma del populismo. Hugo Chávez no era un líder fácil de clasificar, las influencias ideológicas en las que él nutre su pensamiento para entender mejor su proyecto político que denominó la “Revolución Bolivariana”, lo hicieron un líder populista atípico, un caudillo de gran calado carismático que hoy su pueblo llora, pero le levanta la bandera.
El fallecido presidente venezolano gozó de una audacia guiada por la inteligencia que se convirtió en el rasgo primordial que lo catapultó como todo un héroe de la patria que soñó Bolívar. Su audacia no consistía en lanzarse contra la naturaleza de las cosas, en producir un forzamiento de las leyes de probabilidad, sino en el respaldo de los cálculos que el genio bolivariano con su determinación instintiva realizó con la celeridad del rayo y sobre los que decide incluso con la mitad de su conciencia.
Chávez era un líder audaz porque el peso de las responsabilidades no parecía afectar su juicio político, su carácter caribe y tropical, descomplicado sin rígidos protocolos, dejaba entrever al contrario cuanto más poder tenía más irreverente y sagaz resultaba.
Chávez en sus 14 años de poder terminó prácticamente pulverizando sus opositores, en un plazo de tiempo relativamente corto, al viejo y corrupto sistema político venezolano y a prácticamente todas las instituciones que lo articularon en el tiempo «democrático» del Pacto de Punto Fijo.
Ello significó que las circunstancias que lo engrandecieron como líder, lo obligaron a asumir – de una manera cada vez más explícita – un liderazgo personal sobre la totalidad del proceso venezolano.
Los acontecimientos internos lo obligaron (y no sólo simbólicamente) a llevar el uniforme militar con cada vez mayor frecuencia, ya que su origen era militar, porque también se dio cuenta que sólo un “partido” cívico-militar podrá actuar con eficacia – ya supo actuar talentosamente como situación de facto – entre el líder y la masa.
La permanencia de Chávez en el poder es bastante plausible viniendo de un líder que después de muerto sigue gozando de amplios márgenes de popularidad y recordemos que cierto día declaró “Gobernaré hasta que se me sequen los huesos”.
Para el pueblo venezolano se va más que un presidente. Para un porcentaje muy alto del pueblo, sobre todo del pueblo pobre, humilde, se fue su presidente; el hombre que rescató la política para ellos y los puso a ellos en el centro de la política. Para ese pueblo, es un dolor mucho mayor que el normal en un trance así.
Con Maduro en el poder, nace el verdadero Chavismo. Se trata de un socialismo nuevo, que habla de la solidaridad, de la complementariedad, del humanismo, de la justicia social, de colaboración social en lugar de relaciones competitivas… Una visión completamente distinta de las relaciones sociales, y por supuesto de las relaciones del Gobierno con el pueblo. Eso es el chavismo.
Chávez derrotó una vieja casta corrupta de la política venezolana que abusó y se robó la bonanza petrolera quedando en muy pocas manos de la clase alta tradicional. Chávez la vuelca hacia el pueblo con asistencialismo y sustanciales avances en vivienda digna, educación y salud gratuita, pensiones, expropiaciones y una agresiva política externa solidaria.
Los orígenes del chavismo son variados: desde sectores de la izquierda a sectores que se desprendieron de alguno de los partidos, también el pueblo que comenzó a organizarse. Ahora bajo el timón de Maduro le toca al movimiento chavista desarrollar un liderazgo que tiene que ser más colectivo porque no es posible repetir a Chávez.
Pero él dejó las bases muy claras, aparte del coraje de dar esa batalla por su salud y no retirarse a la vida privada ante la enfermedad. Él decía que había perdido el derecho a seguir como un ser individual, porque tenía que dar prioridad a lo que él había ayudado a desatar.
Chávez clarificó el camino sobre quién debería hacerse cargo de la dirección del Estado Bolivariano, pero presentándolo siempre como un liderazgo colectivo. Por ejemplo, el liderazgo político en Venezuela es civil y militar; no es solamente de dirigentes civiles, sino que también los hay del mundo militar que pese al principio de la subordinación no son unos eunucos, sino que tienen criterio, por eso ahora parece que bajo la inspiración del caudillo desaparecido, nace el verdadero Chavismo, para construirlo sobre lo que el inspirador líder construyó, que entre otras cosas deberá cambiar las relaciones con los EE.UU, al que le vende el 38 % de su petróleo.





