Muchos de los moradores de este municipio nos hemos preguntado constantemente sobre lo que sucede a diario y que no podemos explicar. Día tras días observamos impávidos los constantes fenómenos que parecen escapar de alguna fábula o cuento de Esopo, que entre lo real y la ficción nos deja preguntas, dudas y reflexiones profundas.
Resultado de estas jornadas de reflexión he llegado a pensar, que es casi inadmisible que un pueblo tan emprendedor esté sujeto a tan profundas dificultades en diferentes frentes, el estado de las vías, el descuido de los espacios públicos y ante todo, la notable falta de cultura ciudadana que implica el deterioro de la calidad de vida de todos los que compartimos los espacios vitales de este variopinto villorrio.
Ante estas preocupaciones y llegado al punto de reconocer la impotencia de la crítica, me he dado a la tarea de proponer una estrategia, que podría ayudar a re-significar los continuos sucesos inexplicables que se vienen insertando en lo más profundo del imaginario colectivo local.
Quisiera iniciar abordando un tema tal vez desconocido para algunos, pero de relevancia por sus posibilidades a futuro, aquí los detalles: Desde hace algo más de un año, luego de haberse trasladado la Universidad del Valle al Campus Carvajal se ha experimentado continuamente el sonido de motores que rugen al unísono en una sinfonía casi ensordecedora; esta postmoderna melodía se deriva de las continuas carreras de motocicletas que recorren la vía panamericana desde la altura del campus y hasta El Rendidor, y que sin ningún control ya han cobrado la integridad (física y mental) de personas que utilizan esta vía para llegar a sus destinos. Ahora bien, no estoy haciendo una mera critica apática, al contrario, quiero proponer para este caso -y debido a la ausencia de la autoridad competente que luego de múltiples llamados y fracasos al permanecer apagados los teléfonos de cuadrante- que se realice una jornada de carreras y arrancones a la cual se convoque a toda la población. Esto permitiría mantener un orden y supuesto control a los competidores, exigiéndoles el uso de los cascos al menos y poniendo unas reglas claras y unos premios a su arriesgada práctica. Se podría invitar a diferentes personalidades del ámbito municipal, entre ellos el secretario de tránsito para que verifique los cierres de las calles, a la policía para que se divierta y se disipe de sus extenuantes jornadas de vigilancia a través del whatsapp, el pin o la herramienta que los mantiene atónitos en cada lugar que los podemos encontrar, podríamos invitar a los dueños de las pocas funerarias locales -en el caso infortunado que algún competidor o curioso espectador sufra alguna consecuencia colateral, no está de más, es mejor contar con todos los gremios concentrados para garantizar un excelente servicio y espectáculo-, se podría pedir colaboración a los empresarios locales para que brinden los refrigerios y premios a los competidores; en fin, se podría invitar a un sin número de personalidades que rara vez podemos ver en las calles, que tal vez por sus numerosas ocupaciones escapan a la experiencia de estos momentos “tan nuestros”, “tan culturales”.
Ahora bien, este tipo de espectáculos podrían incrementar los ingresos de los comerciantes asentados a los alrededores y generar múltiples empleos para la población informal que vive del rebusque, ya sea vendiendo agua, bebidas alcohólicas para animar a los asistentes y participantes, mecánicos ambulantes, y en alguna media vendedores de cascos y chalecos, estos últimos a riesgo de perder su capital.
Luego de terminado el evento los encargados del tránsito podrían realizar una “jornada de concientización y respeto por los competidores” verificando documentos y exigiendo elementos de seguridad a los espectadores, esto para garantizar la seguridad de quienes arriesgan su vida compitiendo en estos espectáculos.
En fin y para no ser más extenso, este tipo de propuesta lo que busca es formalizar las actividades que desde hace mucho tiempo se viene adelantando en el municipio ante los ojos asombrados de todos los que tenemos aún un poco de asombro, logrando a su vez crear espacios de esparcimiento para la comunidad, promoviendo a su vez la economía local y brindándole todas las garantías a aquellos que con su “esfuerzo” nos brindan tan “majestuoso” espectáculo a diario. Espero no echar esta propuesta en saco roto y que no sea mal interpretada, ya que lo único que busca es lograr el bienestar de todos aquellos que trabajan a diario por un Quilichao Mejor.
Att: El Bambaro.