Modernización y gobiernos locales


Las ciudades modernas tienden a ser caóticas y desorganizadas. En Colombia, el desarrollo desigual del capitalismo, el crecimiento poblacional, la necesidad de nuevos barrios, de asentamientos urbanos y de incremento de alternativas para la atención adecuada de demandas sociales, hacen cada vez más urgente la necesidad de un sector dirigente preparado intelectual y políticamente, con vocación de servicio comunitario; un equipo de trabajo capaz de hacer parte de las administraciones locales para afrontar con éxito las dificultades y problemas que conlleva la modernización que no son escasos.
El estado caótico de varias ciudades colombianas incluyendo a Popayán, hace añorar con desencanto el pasado y pensamos que hubiese sido preferible que nuestras ciudades no crecieran. La tranquilidad de antaño en Popayán después del terremoto de 1983, ha desaparecido. Lejos está Popayán para mostrar a propios y extraños. Mario Fernando Prado en su columna Sirirí, hace varios años en El Espectador tildó a nuestra ciudad de “Pocylgayán” y hoy las redes sociales la denominan “Huecoyán”.
La pérdida del sentido de ciudadanía cada vez se hace más evidente, abundan los habitantes pero carecen los ciudadanos. No se vislumbra un proyecto colectivo de ciudad y esto, obviamente genera desorden. Ante la falta de cohesión y el cúmulo de demandas sociales como efecto de la modernización, cada vez más se hace necesaria la aproximación entre las administraciones locales y la ciudadanía. La democracia participativa se convierte en la coyuntura fundamental en la búsqueda de un compromiso colectivo entre Estado y ciudadanía para el reconocimiento y resolución de los problemas más candentes de las distintas comunidades. El ejercicio de ciudadanía poco se expresa y está erradamente concebido en términos del ejercicio electoral.
A muchos alcaldes les corresponde ‘ponerse las botas’, salir de los despachos y oficinas y untarse de pueblo. Adentrarse donde están los problemas y concertar soluciones dentro de sus propias posibilidades locales; pues es bien cierto, que la mayoría de municipios colombianos, carecen de una infraestructura fuerte, lo cual invalida la posibilidad de tramitar todas las demandas sociales a la vez. En este sentido, la política debe convertirse en el arte de lo prioritario y de lo posible. Hay alcaldes que se prepararon para ganar las elecciones pero no para gobernar. Y hay habitantes que nunca se prepararon para ser ciudadanos, por eso votan pero no eligen. Esto lo han vivido y lo siguen experimentando muchas municipalidades colombianas.
Hay que recurrir a la democracia participativa, no en términos electoreros, sino en compromiso social. Las comunidades aspiran sentirse reconocidas en los beneficios del ejercicio del poder. Cohesionar es liderar. Los alcaldes deben cohesionar a las comunidades alrededor de objetivos comunes. De esta forma las responsabilidades son compartidas. A la gente hay que educarla para que contribuya ciudad y a construir país. En muchas partes no se tiene un proyecto de ciudad, por eso la existencia citadina es desastrosa, caótica y aburrida. Hay ciudades de donde todo el mundo quisiera salir corriendo.
Las administraciones locales deben procurar la felicidad y la tranquilidad de los moradores. Es bien cierto, que si se quiere progresar los habitantes y ciudadanos deben estar preparados para soportar con paciencia ciertas molestias e incomodidades, sobre todo, cuando se trata de obras civiles; pero al mismo tiempo, las administraciones locales deben ser conscientes en ocasionarles a las comunidades los menores traumatismos y evitarles el desespero.
Hace falta una buena dosis de cultura ciudadana en muchas partes. Es necesario también reivindicar el concepto de municipalidad. Pedro Santana sostiene que “La municipalidad se sitúa en un lugar privilegiado de encuentro entre la sociedad civil y el Estado. Un lugar de encuentro en que se combinan, por una parte, las necesidades y reivindicaciones más inmediatas de la población del lugar- pues el ciudadano se define por referencia a un lugar, es decir, por su pertenencia a un ente territorial, por pertenecer a una polis- con la organización de la gestión pública y social. Es decir, en un lugar privilegiado de encuentro entre la sociedad civil y la sociedad política o Estado”. Muchas municipalidades se convierten en un desperdicio, precisamente por la falta de integración entre la sociedad civil y el Estado. El ejercicio de la ciudadanía se convierte en una abstracción y la democracia participativa se pierde como posibilidad.
Las ciudades deben cambiar para progresar, de lo contrario estamos perdidos. Al ver deteriorarse aceleradamente algunas ciudades colombianas, cuando se observa que en lugar de evolucionar involucionan; que la tranquilidad de antaño quedó sepultada en el pasado y que no se vislumbra un horizonte claro en el futuro, el desencanto y el escepticismo reina en todos lados. Las municipalidades que han contado con un verdadero proyecto de ciudad son aquellas que están más prestas a sortear las dificultades y salir de las crisis. Para ello se hacen necesarios los liderazgos que procedan tanto de la sociedad civil como del Estado.



