¿Milagro?


Debido a los sucesos que a diario nos acorralan, no hemos evaluado en su aplastante evidencia, el increíble salvamento de María Nelly Trujillo y Yudier Moreno, su bebé de menos de un año, únicos sobrevivientes a un accidente de aviación ocurrido el 15 de junio en el corazón de la selva chocoana.
El avión, un Cessna 303 con ruta Nuquí-Quibdó, se estrelló en una ladera de aproximadamente 600 metros de altura. El piloto murió y de manera inexplicable, María Nelly y Yudier sobrevivieron al terrible impacto y a cinco días de permanencia en una de las regiones con mayor pluviosidad del mundo. La madre quedó herida, golpeada, con quemaduras de primero y segundo grado en la cara y los brazos. Además, una fractura abierta en el tobillo derecho y un corte en esa pierna le dificultaban caminar. El estado del niño lo resumen las palabras de uno de los rescatistas: “Ese man salió de ahí como un roble”.
La historia de esta mujer de apenas 18 años de edad, es un compendio de heroismo y resistencia sobrehumana. Si no fuéramos tan cuadriculados, nos detendríamos a pensar con la claridad que da el asombro, en las características de este acontecimiento que por extraño e inexplicable, toca las fronteras de lo mítico.
“Sucedido el accidente –dice el hermano de María Nelly- ella salió por la puerta trasera del avión, olvidó el niño y cuando regresó por él, vio que el piloto estaba muerto”. Lo demás constituye una sucesión de peripecias alucinantes: la peregrinación de la madre adolorida, aterrorizada, sola con un niño en los brazos, dejando a lo largo de ese terreno que parece pertenecer al primer día de la creación, pistas iluminadoras. El grupo de rescate las sigue: una sandalia, un celular, un documento que identifica el niño, unidos a las palabras de aliento transmitidas por altavoces y presumiblemente escuchadas por ella, configuran un cuadro atroz, aplastante, donde la supremacía casi suicida del amor visceral se impone sobre el dolor físico y el poder implacable de la naturaleza.
En el celular de María Nelly, los equipos de búsqueda encontraron noventa intentos de llamada –no hay señal en la zona- que realizó después del accidente, dijo a BBC Mundo el coronel que comandó el operativo. Los rescatistas la encontraron a 400 metros de distancia del avión sentada con el bebé en los brazos, extenuada y a punto de desfallecer.
Sería el momento de destacar en toda su belleza y valentía, esta historia de selvas carniceras, muerte y valor. Madre Coraje debería llamarla Colombia con orgullo y justicia, ejemplo de cómo respondemos las mujeres al compromiso contraído con la vida que por algo nos designó sus depositarias y guardianas.





