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Jueves, 1 de octubre de 2026

MI MADRE Y LAS FARC

Farc

CREPITACIONES 2015

El pasado miércoles 23 de septiembre de 2015, a las 5:39 p.m., día histórico y crucial para Colombia, cuando en La Habana (Cuba) se produjo el encuentro anhelado entre el presidente Santos y el jefe guerrillero Rodrigo Londoño Echeverry “Timochenko”, el cual sirvió para dar el paso trascendental del proceso de paz, iniciado hace 3 años y cuyo abrazo se convirtió en el símbolo de la firma del fin del conflicto, dentro de los próximos 6 meses. Ese encuentro produjo en mí emociones encontradas: por un lado la lógica alegría por ser testigo de primera del histórico encuentro, al igual que la mayoría de los colombianos optimistas por la paz y por otro, mucha tristeza infinita al recordar a los millones de víctimas que dejó el conflicto, entre ellas mi santa madre, Amelia Medina de Dorado, uno de cuyos recuerdos eternos hizo surcar en ese día y a esa hora, algunas lágrimas en mi rostro.

Mi santa madre, Q.E.P.D., alcanzó a vivir 65 años en paz, hasta que los guerrilleros de las FARC, la asesinaron de un disparo de fusil el viernes 8 de diciembre del 2000, cerca del CAI de la Policía de Bellavista, a la entrada norte de Popayán (Cauca). Ella iba cómodamente sentada al lado izquierdo de un colectivo urbano que conducía mi hermano, junto a mi padre, unos pocos pasajeros y otros hermanos, quienes sobrevivieron al ataque traicionero y a mansalva de unos facinerosos sin Dios y sin ley. Madre de 11 hijos, 6 hombres y 5 mujeres, siendo yo el mayor, siempre se distinguió por su total entrega, y mística a nuestra crianza, sin desmayos y sin quejas, como lo hacen todas las madres del mundo, con una paciencia infinita, una devoción incólume, una sonrisa mágica y un amor de madre a toda prueba, aún en medio de las dificultades y penurias más extremas. Recuerdo una vez, cuando tenía unos 12 o 13 años, había visto en la librería de don Manuel Delgado, en Bolívar (Cauca), una revista Selecciones del Reader Digest, con una hermosa carátula de unos ángeles azules y unas caritas felices. En ese tiempo, ya era muy aficionado a la lectura, como ahora, y como no tenía la plata para comprarla, le dije a ella que lo hiciera y me respondió que no tenía, entonces me puse a llorar con todas las ganas, suplicándole que me la comprara y me cansé tanto de llorar, que me quedé dormido en sus brazos. Al otro día, cuando volví de la escuela, estando almorzando, me entregó, encima de un plato la revista, plena de alegría y con la sonrisa de siempre, ante lo cual no tuve más que correr hacia ella, abrazarla y darle el más cálido, sonoro y largo beso, el cual nunca olvidaré, mientras esté vivo. Solamente Dios sabe que gestiones hizo para conseguirme la revista.

Muy aficionada a la lectura, leía todo lo que caía en sus manos, así fuera el más arrugado papel que tuviera algo impreso y lo hacía con una devoción, que me daba gusto verla leyendo de ese modo, con un gesto y una pasión admirable. Por eso, fue ella mi mejor maestra y mi modelo perfecto, para seguir esa devoción de la lectura, la cual adquirí gracias a ella. Por eso ustedes siempre me ven con periódicos, libros y revistas en la mano, afirmando con certeza insobornable, que todo lo que se, se lo debo a la lectura, gracias a mi santa madre.

La guerrilla terminó con la vida de mi santa madre y es mi deber, como buen hijo, perpetuar su memoria por todos los medios posibles, haciendo conocer de los demás lo que ella hizo. DESCANSA EN PAZ, MADRE MÍA.

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