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martes 19 junio, 2012 a las 9:39 pm


MI CANDIDATO ES UN VOTO EN BLANCO

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Locombiano

Mira uno a lado y lado y ve las mismas caras en los carteles, en las fachadas y en los pasacalles. El criminólogo aquel – Cesare Lombroso* – que dijo que el criminal nato tenía un ADN, unos rasgos físicos que lo delataban, ha sido revaluado por la moderna psicología. La nariz de águila, las orejas tapadas, frente hundida, uñas largas, vista corta, estómago de una imagen de buda y en su imaginación el deseo de Midas de que todo lo que toque su mano sea oro, son fuegos fatuos y fantasmas. No. Olvidémoslo. Eso no existe.

Pero la realidad nos invita a diario a revivir esa teoría lanzada al cesto del inconciente. Nos invita, nos arrastra, sobre todo ahora que estamos a las puertas de otra elección para la Gobernación del Valle del Cauca, aquí, en Locombia.

Cero y van dos, y tres y más alcaldes. Uno puede echar dados y cae el peor. Uno puede echar los brazos atrás, hacer cruz con los dedos y tratar de escoger la tira más corta. Sale enseguida la fatal. No hay candidato bueno. El costal está lleno de podredumbre. Qué palabra tan certera, que calca nuestra mala suerte.

En las consignas unos dicen que quieren ser mandatarios para tumbar al otro, otros, que el cargo es mejor que cien cargamentos de cocaína, otros presentan documentos falsos para acreditar sus calidades, otros se ponen saco leva negro y largo para tapar su rabo de paja, otros se ponen un rodete negro en el ojo para decir que con ellos no se puede. Ninguno dice que robó y hace trampa. ¡Ja, ja!

¿Dónde se escondieron los buenos que no salen a las calles, que no se postulan en las elecciones?, se pregunta el hombre de la calle y la madre que mira por la ventana. ¿Los buenos se cansaron de ser honorables, trabajadores, de servir a la ciudad y a la patria? ¿O se vendieron al mejor postor, cambiaron la piel que le dieron sus padres y la universidad religiosa por una torta para repartir con sus “nuevos mejores amigos”?

Aquí ya no hay en quién creer. En la campaña ofrecen el oro y el moro y luego, como en las comedias y en los dramas, salen por la puerta de atrás burlándose del elector. Luego vendrán anuncios, silencios, más anuncios y semanas de mucho bala, bla y luego todo queda de nuevo en el olvido. Es la realidad que hoy se palpa en esta Locombia maltratada por gobierno, militares y los que dicen hacer justicia.

¿Qué digo, anuncios? No. La realidad es otra y sube pierna arriba. Vienen los impuestos a la comida y las pensiones, las cortinas de humo que tapan el horizonte, las escaramuzas en pueblos de tierra y huecos centenarios y promesas de que en un año, o en un nuevo período vendrá – ahora sí -, la gran prosperidad.

Mi candidato, por ello, es la papeleta en blanco. Votar por un hombre llamado Nadie. Porque no hay con quien o por quien votar. Votar en blanco, se convierte en un mentís a la mentira, al desfalco, a la indolencia. Que le gane Nadie a tanto tramposo, a tanto fanfarrón y deje en tierra tendido a quienes gastaron la plata en tamales, envoltorios secretos, convites y reuniones por la noche. Que sea una manera de poner en un sitio visible a quienes no pueden volver a aspirar, o por lo menos, a gobernar en un pueblo que merece suerte distinta a la manipulación.

17-06-12 – 5:41 p.m.

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