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Viernes, 2 de octubre de 2026
miércoles 22 mayo, 2013 a las 8:35 pm

MENTIRAS PIADOSAS

Phanor Theran
Phanor Theran
Phanor Theran

Ciertamente estamos acostumbrados a mentir. Hemos hecho nuestro el famoso aforismo de que lo importante no es honesto sino parecerlo.

Más que esa simulación hecha comportamiento social, estamos acostumbrados a mentirnos. A creer incluso que los demás, que somos todos, comemos cuento ingenuamente.

Y peor aún: entre todos tejemos esa telaraña como la realidad y la verdad de a puño y letra, la que nos acuesta y nos levanta. Científicos habrá que quizás tengan explicación sobre el origen de tal trapisonda. Pero es nuestro pan de cada día.

Encuentro en mi actividad de bibliotecario voluntario jóvenes que están ya para recibir el cartón que los acredita como bachilleres clásicos o técnicos que escriben tergiversado lo que leen u oyen. Y por igual niños apenas comenzando que leen lo que no está escrito, hablan de lo que no se trata, averiguan por cosa distinta. Disléxicos, suele llamarse esta disfuncionalidad.

Aunque fueran pocos sería de preocupación social. Pero es creciente. Como creciente es aquellos que son incapaces de concentrarse algunos momentos en la actividad que les ha menester, inquietos a manera de zumbambicos, desbaratadores de balines o necios sin remedio.

Los parientes suelen ignorar, simular o pasar de agache frente a esta realidad. Culpa por tener alguien que no tiene habilidades normales. Temor a la crítica y a la burla que de por si debe estar en todo el conglomerado intercultural escolar. Los maestros, que deben atender no solo dos y tres docenas de estudiantes, se hacen los de la vista gorda. Pasan por ello sin romperse ni mancharse, entre otras porque ello significaría más trabajo, apartarse del consabido manual que ahorra energía y esfuerzo educador.

Como pasan los mismos parientes con sus hijos cleptómanos, o que se hacen la vista gorda frente a los comportamientos non santos que desempeñan diariamente esos que a menudo llaman hijos.

El estado mismo que no previene ni ausculta al discapacitado, que considera que ya hace demasiado, que hacina en los que llaman aulas, centro de fobias y tensiones.

De igual forma que como ciudadanos solemos quejarnos de que los gobernantes no sirven para nada. Desconociendo que los que no servimos somos nosotros mismos que los elegimos.

Mentirosos, en fin.

Phanor Terán, desde Tunía, patrimonio cultural del municipio de Piendamó

Mayo 22 de 2013