Menos listas, más poder: el nuevo mapa político del Cauca

Menos listas, más poder: el nuevo mapa político del Cauca.
Por: Juan Camilo López.
El 8 de noviembre, se abrió oficialmente la inscripción de listas a Cámara de Representantes y Senado, y con ello comenzó el mes más intenso de la política reciente: uno de reuniones discretas, presiones cruzadas, cuentas frías y acuerdos de último minuto. Sin embargo, a diferencia de ciclos anteriores, esta vez el juego en el Cauca parece tener menos fichas sobre el tablero.
Hace ocho años llegaron a inscribirse 12 listas a la Cámara por el departamento; hace cuatro, fueron 8. Hoy, todo indica que veremos un número sensiblemente menor. De entrada, se dibujan cuatro proyectos claros. El Partido Liberal, que mide fuerzas internas pero donde todo apunta a que Edgar Gómez impondrá el orden de la lista. El Pacto Histórico, que tras la consulta debe resolver su enredo jurídico con el CNE para concretar la adhesión de Colombia Humana y ordenar sus resquebrajos internos. La lista natural de Cambio Radical, con Óscar Campo como figura central. Y una carta en construcción: Colombia Renaciente, que podría sellar una alianza con sectores del Partido Verde, bajo la articulación política del exgobernador Elías Larrahondo.
Más allá de estas, como mucho aparecerá una o dos listas emergentes, tal vez ninguna con real capacidad competitiva. Esto supone, en los hechos, un escenario con menos listas que hace cuatro años y mucho menos fragmentado que hace ocho. Y ahí está la clave de lectura.
En presente, el Cauca evidencia una reducción de la dispersión partidista visible. No porque haya más institucionalidad, sino porque el sistema terminó orbitando alrededor de pocas figuras con capacidad real de organizar listas, financiar campañas y garantizar votos. La irrupción del Pacto Histórico como la fuerza política de mayor caudal en los últimos años obligó a reorganizar el tablero: unos se agruparon bajo su sombrilla; otros, que jamás convivirían en una misma lista, hoy negocian coaliciones para hacerle contrapeso. La competencia dejó de ser entre microproyectos y pasó a ser entre bloques.
La pregunta de fondo es qué significa esto para la representación del Cauca. Menos listas puede traducirse en votos más concentrados, campañas menos testimoniales y una bancada más definida en sus responsabilidades frente al departamento. Pero también puede significar algo menos virtuoso: que la definición de quién representa al Cauca quede aún más atrapada en acuerdos cerrados, entre pocos, lejos del escrutinio ciudadano.
En perspectiva, el riesgo es doble. Por un lado, que quienes antes encontraban en listas pequeñas un espacio de expresión política hoy no se vean reflejados en ninguna oferta y opten por la abstención. Por otro, que la aparente racionalización del sistema oculte una mayor dependencia de maquinarias, favores y liderazgos que se reciclan.
En las próximas semanas veremos si el Cauca aprovecha este reacomodo para fortalecer proyectos serios, programáticos y conectados con su realidad, o si simplemente asistimos a la misma lógica de siempre, pero con menos logos en el tarjetón. Menos listas no garantiza mejor política. El reto es que tampoco signifique menos ciudadanía.



