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Viernes, 2 de octubre de 2026

Medios masivos y protesta social

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Carlos E Cañar Sarria

CARLOS E. CAÑAR SARRIA

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 Para casi nadie es desconocido de los medios masivos de comunicación difunden pautas de comportamiento, tendencias culturales, imaginarios individuales y colectivos sobre el hombre, el mundo y la sociedad. La televisión, la radio, la prensa escrita, el cine, entre otros medios, introyectan una serie de valores o antivalores, sentimientos y prácticas que hacen que las personas entren a identificarse con ellos y a basarse en fantasiosas o reales caracterizaciones de “héroes” cinematográficos y de los actores de telenovelas o “culebrones”. Según el psicólogo suizo Carlos Jung, tales experiencias resultan de la proyección de patrones y arquetipos en el inconsciente colectivo.

En Colombia desde hace varios años venimos presenciando y soportando en algunos medios masivos de comunicación la difusión y reproducción de una serie de comportamientos que van en contra de la moral y las buenas costumbres de los hombres y de los pueblos. Acciones que tienen que ver con el dinero fácil, la trata de seres humanos, la corrupción, grupos extremistas, narcotráfico, que entre otros indicadores de crisis de valores, hacen parte de la vida cotidiana por iniciativa o conveniencia de las programadoras de la televisión nacional. Esto ha hecho que en las redes sociales y en la opinión pública se expresen voces de protesta contra estas programadoras por estar haciendo -como se viene diciendo- la apología del delito.

En el orden de la psicología de masas, en el inconsciente colectivo puede resultar demasiado peligrosa la degradación moral en que ha incurrido nuestro país. Donde los medios masivos pudieran ejercer una función educadora, restauradora o civilizadora de nuestra sociedad, se dedican a la producción y reproducción de malos paradigmas.

No se trata de esconder o ponerle tapujos a la dramática realidad social de nuestro país, el problema está en colocarle un toque perverso y morboso e insistir -monotemáticamente- en lo mismo año tras año. ¿Qué puede esperar una niñez y una juventud como las nuestras, con aquellos malos ejemplos, que recalcan las programadoras? Ante esto, los gobiernos han sido tímidos y no ha quedado más que el cuestionamiento y el rechazo de la sociedad civil. Después nos quejamos de la imagen de nuestro país en el exterior y de las odiseas que tienen que soportar nuestros nacionales en el extranjero.

Es importante que los medios masivos de comunicación se comprometan de una vez por todas, en fomentar valores capaces de dignificar a las personas, de contribuir en sentar las bases para la consecución de un país más amable, más pacífico, más correcto, más incluyente, más humano, y por ende, más feliz.

Por supuesto, esto no es sólo obligación de los medios. La contribución de los medios es fundamental por su carácter masivo. La construcción de tejido social se hace con todos. Hay que reconocer el problema para afrontarlo colectivamente. Desde las altas esferas del poder hasta los habitantes o ciudadanos comunes y corrientes debemos empeñarnos todos -no a construir un inconsciente colectivo- sino un consciente colectivo encaminado a la solidaridad, a los buenos principios, a las buenas costumbres y al rescate de la ética.