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Jueves, 1 de octubre de 2026
miércoles 29 noviembre, 2017 a las 1:51 pm

MARCELO TOCA

MARCELO TOCA
MARCELO TOCA
Marcelo en un recital, con Juan Coronado al piano
Rodrigo Valencia Q ©
Rodrigo Valencia Q ©

«Pa, me he dado cuenta que la imaginación es fundamental para vencer estos pasajes tan difíciles de interpretar».

Y enseguida toca un episodio virtuosístico, los dedos sortean la longitud del diapasón con la velocidad que otorga el viento a las cosas ágiles.

«Es que la imaginación supera la velocidad que se interpone como esfuerzo; uno debe sentir primero la dinámica de la interpretación con la imaginación, y entonces todo acontece de manera natural, sin esfuerzo de parte de uno», añade.

Y ensaya de nuevo sus pentagramas colmados de signaturas, que sólo los músicos entienden como si fueran su segundo lenguaje natural, quizá íntima expresión de un sentimiento traído desde lo sublime.

Y el violín llena el recinto con un cantar que hace olvidar todo lo demás.

Porque la música absorbe; es una contemplación con el oído puesto en clave de silencio, inmerso en sonoridades traídas quizá desde el éter. Y el sonido se despliega en complejas gamas de colores, timbres y tonalidades; la paleta sonora es tan variada como la de un pintor, de un poeta que cuenta historias reales o fantásticas entre el alfa y el omega.

Y después, Marcelo habla de las fuerzas que manejan cada frase, cada impulso, cada golpe del arco, cada inicio o final de un discurso musical.

Y el tiempo ha sido un invitado más en la jornada; pero ha dejado de marcar su ritmo con el tic tac de los relojes, porque la música traslada a un éxtasis que el tiempo físico real no procura nunca.

«Mijo, hay algo en esto que me hace sentir una felicidad que yo no expreso jamás a través de gestos o palabras», le digo.

Y él guarda su violín; se retira, y queda la persistencia de las melodías en el ambiente, como si la música no quisiera despedirse, sino a través del olvido inevitable que vendrá después.

RVQ