«MAGIA»


«MAGIA»

Bajar de las nebulosidades especulativas y teóricas de la metafísica filosófica (ciencia muy alta y exigente que siempre me ha apasionado) a la «metafísica práctica«, como le llamarían los filósofos Francis Bacon y Schopenhauer, resulta muy dudoso, incierto.
La «metafísica práctica» o «magia», llamémosla así, se basa en el supuesto aforismo hermético «Todo es mente, el universo es mental», enunciado muy afín a la inmensa doctrina que desde antiguo se llamaría «idealismo trascendental» (pero eso es otra cosa muy seria, desde Platón hasta Schelling), principio que la corriente del «Nuevo pensamiento», a mediados del siglo XIX hasta los delirios de hoy, de la llamada «Nueva Era», viene explotando en la credulidad de la gente, con los diversos procedimientos de «Ciencia mental» o «Mentalismo», y toda esta «metafísica» exagerada y alucinada que un facilismo ingenuo y milagrero viene imponiendo en la esperanza de mucho parroquiano.
«Si tuvieras fe como un granito de mostaza, le dirías a los montes ¡muévanse!, y ellos obedecerían», dice Cristo en El Evangelio. Fe, populismo y autosugestión, «fuerza de la mente», creencia ciega… el Dr. Quimby, Mary Baker Eddy, su discípula de la «Ciencia cristiana», Conny Méndez, «Saint Germain», infinidad de «maestros», charlatanes, hipnosis de feria e innumerables cosas más, son procedimientos populares que derivan de todo ello, con el testimonio confirmativo de unos y la negativa de muchos otros, la mayoría, digamos, entre gentes de «buena voluntad».
Por lo menos, yo doy testimonio de que he aplicado tales principios en diversas circunstancias de mi vida, y jamás me han dado resultado, y no ha sido por falta de fe o porque los haya aplicado mal. Al parecer, tales «doctrinas» se encargan de escoger sus propios siervos en la viña del Señor.
Es muy lamentable, penoso y decepcionante que hasta Cristo, con lo elevado y noble que este nombre implica, haya engañado la credulidad humana con semejantes cuestiones.
**RVQ**
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