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Domingo, 4 de octubre de 2026

Maestros y sociedad

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Maestros y sociedad

CARLOS E. CAÑAR SARRIA / [email protected]

Con los maestros siempre se contrae una deuda inmensa que nunca se termina de pagar. No se olvida a  aquellos seres humanos que con entusiasmo, con paciencia y con amor contribuyen a forjar la personalidad de quienes educan y les preparan para afrontar las responsabilidades de la vida. Es difícil olvidar a los maestros en todos los niveles del proceso educativo. Los maestros más recordados son aquellos autoexigentes y exigentes. Aquellos que sin egoísmo comparten, sus experiencias pedagógicas, su saber y además participan como verdaderos guías y compañeros. Difícil olvidar a aquellos maestros que hacen del error la más valiosa oportunidad para hacer parir el conocimiento.

Difícil olvidar maestros que nunca esperan medir las debilidades para apabullar y ridiculizar a los estudiantes. Por el contrario, racionalizan cada limitación para hacer de ella un ejercicio de superación. Los buenos maestros educan con el ejemplo, son consecuentes entre lo que dicen y hacen. Evalúan integralmente y no se limitan a un examen. Son facilitadores y no facilistas. Blandos pero no blandengues. Demócratas y no democrateros. Para evitar los extremos acogen el término medio recomendado por la ética aristotélica. Son conscientes de que el respeto se gana y no se deriva del temor que producen en los educandos. No se entariman para mirar a los discípulos desde arriba. Por el contrario, aprovechan toda oportunidad para acercarse a sus discípulos y con ellos encaminan la ruta del saber. Enseñan  pero también aprenden del estudiantado.

Es importante resaltar permanentemente la labor de los maestros Y no circunscribir el enaltecimiento de su noble misión a un día del año. El Estado y la sociedad se mantienen en deuda con los maestros. La gran mayoría vive comprometida con la sociedad y con la construcción de país y de futuro. Es triste reconocerlo, pero desde cualquier modalidad de la enseñanza, ni psíquica ni materialmente a los maestros se les compensa justamente. De ahì que no pocos sostengan que la profesión de maestro es la que recibe mayor ingratitud. El Estado y la misma sociedad olvidan que reivindicar a los maestros es reivindicar a la educación y a la misma sociedad.

Cada 15 de mayo se celebra el Día del Maestro en Colombia. En un país como el nuestro donde en muchas ocasiones todo parece oscuridad, resulta justo y oportuno enaltecer el trabajo serio y responsable de estos abnegados servidores públicos, que en todas las zonas de la vasta y compleja geografía nacional construyen con empeño el futuro y la esperanza. El esfuerzo diario de miles de hombres y mujeres que no obstante sus angustias, frustraciones y temores desempeñan con decoro el más noble de los oficios.

Contrasta mucho el compromiso de maestros y maestras con el trato de tercera que el Estado y la sociedad les ofrece. Estado, sociedad y medios de información sólo se acuerdan de los maestros para vilipendiar su meritoria labor. Sobre todo cuando los educadores se ven presionados a hacer paros al luchar entre otras cosas, por la no privatización de la educación, por un modelo económico justo e incluyente, porque se respete el derecho fundamental a la vida, por el derecho a la salud y por qué no decirlo, por unas condiciones laborales que les permita superar sus salarios de miseria. Lucha que sin duda alguna contribuye a la democratización del país.

En realidad, a pesar de algunos avances, frutos de las continuas presiones del magisterio, no hay verdaderas políticas públicas que vislumbren cambios sustanciales en la situación de los maestros. Es por ello, que resulta irónico tener que reconocer que por la acción de los maestros, surgen nuestros dirigentes y gobernantes, no obstante debido a la acción de nuestros dirigentes y gobernantes, los maestros parecen seguir condenados a la desatención y al olvido.

Por falta de incentivos de toda índole, encontramos que cada vez es más frecuente que haya menos personas que quieran dedicarse a la docencia, cada vez es menos posible que se reclute a los mejores porque el Estado no les facilita medos para acceder a una educación con calidad, etc. Es cierto que un país que demerita la importancia de los maestros es un país con vocación suicida.

Ayer 15 de mayo se “celebró” el día del maestro. Que sirva esta fecha para reconocer la labor de miles de hombres y mujeres que como seres humanos viven sus propios dramas, pero también los del país. Y que por ello se empeñan en preparar a la gente del futuro para bien de toda la sociedad. Estado y sociedad deben respaldar a todos los maestros que se la juegan por la patria. En el proceso del postconflicto, indudablemente los maestros seguirán siendo forjadores de paz y de esperanza. El Estado tiene la obligación de garantizarles unas condiciones físicas y psicológicas acordes a la dignidad de las personas.

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