EL MAESTRO DE MÚSICA (1988)


Elegante como el bel canto, con una historia creíble por lo humana, porque el arte es humano, como el amor; demasiado humano, incendia la vida y el talento, ilumina la historia de los seres y las cosas.
Y el canto, vínculo que suscita el amor. Amor como claro de luna, porque no se revela del todo. El canto es amor brujo, enlace en tono mayor de primavera, entre voz masculina y voz femenina…
El maestro se ha retirado.
La señora del maestro es como una modelo de Klimt.
La alumna, como musa en soledad, anhelosa de amor; y un alumno, para vencer en un duelo de voces.
Y siempre la música, eterna música de fondo, regalo de dioses, escogida viña del espíritu: Mahler, Verdi, Bellini, Mozart, Offenbach, Schumann, Schubert. Tanto, es más que suficiente; menos, sería una historia cualquiera.
Y el canto pasea por el lugar, con un maestro a veces tiránico, por lo exigente. «Debes amar tu soledad, como yo lo hice». Y todo llegará a su debido tiempo; como la fama, el retiro, la muerte. Así es la vida, el arte es el truco, aristocracia del mundo.
Y esos lugares son ciertamente elegancia; y toda elegancia es belleza, fuerza que expande el espíritu.
Hermosa, impecable producción belga de 1988, bajo la dirección de Gérard Corbiau, con José Van Dam, Sylvie Fennec, Anne Roussel, PhilippeVolter y Patrick Bauchau, y las voces solistas de Jerome Pruett, tenor, y Dinah Bayant, soprano.
Pocas películas como ésta, revelan su luz desde un comienzo.
RVQ
https://www.youtube.com/watch?v=QIdTgKWueNE&feature=youtu.be



