El sábado 3 de mayo, a las 6:50 p.m., fue secuestrado el niño Lyan José Hortua Bonilla, de seis años, en el corregimiento de Potrerito, municipio de Jamundí, Valle del Cauca.
Redacción Juan Cuesta.
El menor fue secuestrado del conjunto residencial donde vivía con su familia. Desde entonces, no se ha recibido información oficial sobre exigencias de parte de los responsables.
La incertidumbre domina el entorno familiar. Angie Vanessa Bonilla, madre del menor, se encuentra hospitalizada debido al impacto emocional provocado por el secuestro.
Así lo confirmó el alto comisionado para la paz, Otty Patiño a través de un comunicado expedido el día del martes 13 de mayo.
Fuentes cercanas informan que su estado de salud se ha agravado por la ansiedad y el dolor derivados de la desaparición de su hijo.
En la comunidad circulan versiones no confirmadas que atribuyen el crimen a una organización armada con presencia en la zona.
Sin embargo, al no provenir de fuentes judiciales ni policiales, dichas aseveraciones carecen de respaldo verificable y no pueden ser afirmadas ni desmentidas con responsabilidad informativa.
Se formula un llamado directo y humanitario a quienes puedan tener control sobre el paradero del menor, para que actúen con sentido de compasión y garanticen su integridad y pronta liberación.
La devolución del niño a su familia representaría no solo un acto de humanidad, sino un homenaje concreto a su madre y a todas las madres del país, especialmente en una fecha marcada por el afecto y la unidad nacional.
El sufrimiento de esta familia exige sensibilidad y acción.
La indiferencia ante este caso sería una renuncia al principio elemental de solidaridad que debería unirnos como sociedad. La vida de Lyan José Hortua Bonilla debe ser protegida.
Su regreso a casa es urgente.